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Película

Coche policial

Sinopsis

Travis (James Freedson-Jackson) y Harrison (Hays Wellford) son dos niños que deciden apoderarse de un coche de policía abandonado. Lo que no saben es que pertenece a un sheriff de dudosa moralidad llamado Kretzer (Kevin Bacon), quien hará todo lo posible para recuperarlo.

Crítica

Fotograma del sheriff Kretzer (Kevin Bacon)

Dos niños en un pequeño pueblo rural sin nada que hacer encuentran un coche de policía en medio de una llanura. ¿Que deciden hacer? Obviamente llevárselo de paseo y jugar con todo lo que encuentran dentro. Con esta premisa el director Jon Watts desarrolla esta comedia negra a modo de juego del gato que caza al ratón en la que el sheriff corrupto interpretado por Kevin Bacon se asegurará de recuperar su coche, ignorante de que los ladrones son un par de críos sin nada mejor que hacer que robar un coche. Es una idea simple que no engaña a nadie, pero está ejecutada de un modo muy natural, inteligente y con un estilo fantástico. Watts realiza la historia una veces con un tono a medio camino entre el drama y la comedia, y otras entre la comedia y el terror, especialmente en aquellos momentos en los que vemos como los niños juegan muy irresponsablemente con todo lo que encuentran en el coche, o viendo como Kretzer actúa igual de negligentemente, pero por motivos bien diferentes.

Es un tono de comedia oscura que incluso podría recordar al visto en películas de los hermanos Coen como “Fargo” (1996) o “Sangre fácil” (1984), en la que sus personajes son testigos de lo oscuro y extraño que puede llegar a ser el mundo en el que vivimos. La historia va cambiando de punto de vista constantemente, poniéndonos en el lugar de los críos en algunas escenas, y pasando al de Bacon en otras, haciéndonos partícipes de su conflicto a pesar de saber de antemano que se trata de unos más bien turbios, y de tratarse de un personaje claramente desagradable. Por lo que respecta a los niños, aunque lo que hacen está claramente mal, podemos llegar a comprender la sensación de frenesí y de tabú de encontrar algo tan emocionante como peligroso, con la inconsciencia de la niñez que nos impide ver la magnitud de las cosas tal como son. Y es que un coche de policía abandonado en medio de la nada no puede traer nada bueno con ello.

Travis (James Freedson-Jackson) y Harrison (Hays Wellford)

Volviendo de nuevo a la idea de estar delante de una premisa simple sin muchas complicaciones dramáticas, el director aprovecha para explotar al máximo las situaciones tensas para hacer un puro ejercicio de estilo sobre como escalar la tensión en cada uno de los momentos. Se podría decir que se trata de un thriller minimalista en su concepción, y siendo consciente de ello Watts desarrolla sus funciones de director sacando el máximo provecho posible a las ventajas que ofrece la cámara para jugar con la planificación, y dejando que la historia avance a su propio ritmo, casi como si fuera a tiempo real. Cabe destacar en este aspecto el tremendo trabajo de cámara de Matthew J. Lloyd y Larkin Seiple a la hora de componer los encuadres, siempre bien centrados para ponernos en situación y entender a los personajes.

El reparto de la película es muy reducido, y de todos ellos destacan los tres personajes ya mencionados: Freedson-Jackson y Wellford con unas interpretaciones muy naturales, reaccionando como se supone harían niños de su edad; y Kevin Bacon se hace con la película cada vez que lo enfocan gracias a su inquietante trabajo con el que convierte su bigote white trash y sus enormes gafas de sol en unos elementos caracterizadores. El guión ayuda dibujando a unos niños haciendo cosas que serían capaces de hacer en tan corta edad, y al personaje de Bacon le da un punto misterioso que intensifica su presencia amenazadora. A pesar de esto, a la película le falta algún giro, algún elemento sorprendente que la haga ser realmente memorable, porque son muchos los momentos en los que se puede anticipar lo que sucederá, y hay una sensación general de que la premisa se podría haber exprimido más sin perder la sensación minimalista buscada. Puede que sea por eso que la película termine de un modo poco sorprendente, aunque tampoco se puede considerar malo dado que el director finalmente consigue dejarnos con el corazón en un puño.

Fotograma de Coche policial

Jon Watts ya había realizado un interesante ejercicio de terror con “Clown” (2014), una película que utilizaba bien los recursos del género pero que, igual que la película que estamos comentando, daba la sensación de que se podría haber sacado más provecho a las situaciones. Con “Coche policial” el director cambia de registro utilizando en esta ocasión los recursos que ofrece el thriller con más soltura que en su trabajo anterior. Puede que le falte terminar de encontrar un guión que sepa sacar más fruto de sus ideas, porque por todo lo demás nos encontramos con una película con una visión particular de un director que demuestra tener cosas que decir. Con todo, muy recomendable.

Tráiler

Valoración

7

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