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Película

El gran silencio

Sinopsis

Pauline Middleton (Vonetta McGee) ve como un despiadado pistolero conocido como Loco (Klaus Kinski) asesina a su marido. Para vengarse, contrata los servicios de Silencio (Jean-Louis Trintignant).

Crítica

Fotograma de Silencio (Jean-Louis Trintignant)

El western fue durante muchas décadas el género de cine americano por antonomasia, pues con él los cineastas estadounidenses podían narrar una etapa histórica representativa de su nación. Se plasmaba el “salvaje” oeste de un modo romántico, con vaqueros, forajidos y toda una galería de personajes hoy en día estereotipados que idealizaban la vida en aquellos tiempos. “Spaguetti western” es el término que se le dio a los westerns rodados en Italia. Era una expresión vejatoria creada por los americanos ante la creencia que el género era de su propiedad, y no sería hasta el estreno de “Por un puñado de dólares” (Sergio Leone, 1964) que se empezaría a tomar en serio a este tipo de producciones.

Leone asentaría algunas de las características habituales del sub género como el uso de una violencia sin concesiones, la presentación de una realidad cruda, la música como protagonista, la dilatación del tiempo o un carácter general artificioso e incluso burlesco; elementos que distanciarían las producciones americanas de las italianas. Sin embargo, el factor más diferenciador sería la visión desoladora de lo que el lejano oeste se suponía que era, como si de un pasado distópico se tratara, alejado del romanticismo de los americanos. Sergio Corbucci realiza “El gran silencio” llevando estos elementos a una cota devastadora.

La película es una simple historia de venganza. La acción nos traslada a un pequeño pueblo llamado Snowhill, cuyos habitantes se ven obligados a robar debido a las duras imposiciones del cacique local, quien en su férreo control decide contratar a un grupo de cazarrecompensas para detenerlos. Es un pueblo con unas leyes impuestas por los más fuertes, y su comunidad vive desamparada de protección en una América cambiante en la que la civilización está devorando los últimos reductos de las leyendas y costumbres del lejano oeste. “El gran silencio” se podría considerar consecuentemente un western crepuscular, caracterizado por historias en las que el cowboy ya no tiene cabida en un mundo más “civilizado”, como nos enseñaría John Ford en “El hombre que mató a Liberty Valance” (1962). Es en este contexto que Silencio hará acto de presencia para vengar un asesinato.

Fotograma de el Loco (Klaus Kinski)

Lo primero que asalta en esta película es el hecho que Corbucci sustituye los yermos inmensos por la dureza del invierno y sus paisajes nevados. “El gran silencio” narra una historia pesimista, trágica, una en la que ni lo épico ni mucho menos los héroes tienen cabida. Es innegable el carácter estereotipado de los personajes, habitual en estas producciones, pero sobresale la profundización dramática que les da, pues ellos son víctimas de los duros días que les han tocado vivir, y si los pueblerinos roban es porque no tienen otra vía de subsistencia, del mismo modo que Silencio solo decide ayudar a Pauline cuando esta contrata sus servicios. Silencio, cuyo nombre real permanece en las sombras, es un personaje al que le sigue un halo misterioso. Es un anti-héroe, pues su moralidad es cuestionada en más de una ocasión dado que mata a cambio de dinero –como todo cazarrecompensas-, pero lo que lo diferencia de los villanos es que no se regodea de sus asesinatos ni disfruta de los baños de sangre, sino que para él matar es un acto elegante y preciso, acertando cada tiro con una parquedad por otra parte siniestra. Jean-Louis Trintignant lo interpreta con la calma y frialdad que le caracterizan. Es raro ver un asomo de sentimiento cruzar su rostro, hecho que junto a su imperturbabilidad y silencio perpetuo lo convierten en un fantasma vagabundo que erra por los nevados paisajes montañosos. Al otro lado del espectro tenemos a otro personaje del que solo sabemos su apodo. Se trata de Loco, muy bien interpretado por Klaus Kinski. Es un personaje tan inteligente como despiadado, sin ningún tipo de escrúpulos cuando se trata de hacer sufrir a sus víctimas o de manipular a sus adversarios, y no dudará en poner en jaque a todos aquellos que se crucen en su camino.

Visualmente destaca el diseño de fotografía y la ambientación. Los exteriores fríos y bastos de la montaña contrastan con unos interiores oscuros y claustrofóbicos, siendo ambos reflejo de la historia: por fuera se exteriorizan los sentimientos animales de los humanos, mientras que por dentro las leyes retorcidas del pueblo de Snowhill oprimen a su pequeña comunidad. Hay en ello un tono realista de la narración, pues el director no tiene miramientos a la hora de suavizar la historia ni sus imágenes, que caen presas de una desazón que se apodera de la historia desde el primer minuto y solo la suelta al final para hundirla en un pozo abismal. Por otra parte, Corbucci planifica con elegancia, sin miedo a utilizar unos notorios zooms que se convierten en estilo propio –sello también de los spaghetti western-, y rueda la violencia sin heroicidades para realzar la frialdad del acto. El director también tiende a dilatar el relato cuando lo cree necesario con un ritmo pausado pero nunca lento, y en ningún caso sin llegar a extremos vistos en obras como “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1969).

Fotograma de El gran silencio

Ennio Morricone se encarga de la banda sonora en la que cambia sus lirismos habituales por una partitura sobria y atmosférica que dibuja la desesperanza que se huele en toda la película. Como siempre en sus trabajos, la música es brillante y se convierte en un personaje más de la historia.

El gran silencio“, puede ser uno de los spaguetti western más especiales del género. No está libre de problemas, pues tiene un guión que bien le habría beneficiado una o dos revisiones, pero sobresale en un certero desarrollo de la historia, una visión del western todavía más salvaje que lo presentado en el anterior film de Cobucci, “Django” (1966); una dirección clara, y su retrato de una etapa histórica sumamente oscura. Muy recomendable.

Valoración

8

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