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Película

El hombre de acero

Sinopsis

El planeta Krypton está viviendo el final de sus días. Una lucha ideológica entre el científico Jor-El (Russell Crowe) y el general Zod (Michael Shannon) sobre el futuro del planeta provoca que el primero deposite el destino de su especie en su hijo recién nacido, Kal-El, justo antes de enviarlo al remoto planeta Tierra.

Crítica

Fotograma de Clark Kent (Henry Cavill)

Un pequeño pueblo de Kansas llamado Smallville es el lugar al que irá a parar Kal-El cuándo llegue a la Tierra, donde será adoptado y criado como un niño cualquiera por Jonathan (Kevin Costner) y Martha Kent (Diane Lane) bajo el nombre de Clark. Sin embargo, el paso del tiempo sacará a relucir una serie de características que lo definirán como alguien especial, hecho que lo empujará, ya de adulto, a tomar la decisión de abandonar su hogar en busca de algo que le ayude a entenderse a si mismo. Esta es la tercera vez que vemos los orígenes de Superman en una película de cine -con perdón del serial cinematográfico del año 1948 con Kirk Alyn– después de “Superman” (Richard Donner, 1978) con el legendario Christopher Reeve, y de “Superman Returns” (Bryan Singer, 2006) con Brandon Routh en el papel principal. En esta ocasión la nueva versión viene firmada por Zack Snyder, quien tiene en su haber otras (infames) adaptaciones de obras magnas del cómic como son “300” (2006) y “Watchmen” (2009); con la ayuda de David Goyer como guionista, Christopher Nolan recién terminado de su trilogía del caballero oscuro como productor ejecutivo, y finalmente con Henry Cavill en el papel titular.

Es importante destacar que Nolan está involucrado en la producción dado que son varios los paralelismos que se pueden ver entre “El hombre de acero” y “Batman Begins” (2005), película que en su día resucitó la franquicia de Batman y de paso puso de moda el concepto de reboot convirtiéndose así en el ejemplo a seguir en el terreno de los superhéroes. “El hombre de acero” es una película que, tras un prólogo que nos presenta el mundo de Krypton, se va moviendo en el tiempo narrándonos la infancia de un Clark Kent intentando adaptarse en la Tierra mientras su versión adulta vaga por el mundo en busca de algo que justifique su existencia. En medio de esto, Lois Lane (Amy Adams) es una periodista enviada al Ártico para investigar un misterioso enclave del ejército de los Estados Unidos. Este es el esquema que sigue la narración hasta que Clark encuentra respuestas y viste por primera vez el mítico vestido de azul y rojo, punto a partir del cual la narración adquiere una estructura más lineal a la misma vez que se complica con la aparición del villano de la película y con la amenaza que supone para la Tierra. Aunque la premisa es harto interesante, la película va perdiendo foco gradualmente a medida que nos adentramos en la historia, y situaciones que en teoría deberían sentirse como dramáticas o importantes lamentablemente consiguen provocar incredulidad y bochorno a partes iguales. Y esto se debe principalmente a una mala labor tanto de Snyder como de Goyer.

Fotograma de Jor-El (Russell Crowe)

Hay una constante en el cine de Zack Snyder que se puede ver desde “300” que no ha hecho más que empeorar en lugar de mejorar con el paso del tiempo: su falta de mano a la hora de abarcar el drama y su obsesión por conseguir una estética videojueguil que llame la atención, aunque no siempre sea la más acorde con la historia. Porque viendo el mensaje esperanzador y casi mesiánico que contiene el guión de “El hombre de acero”, resulta muy cuestionable la decisión de adoptar una imagen grisácea y poco colorida para un personaje que pide todo lo contrario. Sea como sea, lo que Snyder y el director de foto Amir Mokri hacen aquí es un trabajo que solo se puede tildar de feo y poco elegante, ya no solamente por la imagen a la que parecen haber puesto un simple filtro de grano y de desaturación, sino además por una puesta en escena más preocupada en abarrotar de excesos visuales –especialmente en unas escenas de acción confusas y mal realizadas- y de sobrecargar de simbolismos que de pretenciosos terminan por cansar. Eso no quita que Snyder ofrezca imágenes vibrantes en algún momento, pero son tan pocas y puntuales que no compensan. Sin embargo, hay algo que el director sí consigue retratar eficientemente, y es un sentimiento mágico, esperanzador e inspirador de lo que supondría la aparición en el mundo real de alguien con los poderes y -todavía más importante- la personalidad virtuosa de Clark. Es en estos momentos donde la película se levanta y consigue conmovernos.

Lo cierto es que la película no falla solamente a nivel de dirección, sino además también de guión. Goyer no sabe como encadenar las distintas tramas, se pasa con los monólogos de exposición, no termina de encontrar el modo de definir a sus personajes, ni tampoco sabe cómo manejar el conflicto y la tensión, delegando la espectacularidad a las manos de los encargados de los efectos especiales. Es un trabajo bastante pobre, y es una pena porque parte de unas ideas muy interesantes que tienen su origen en el terreno de la ciencia ficción, con lo que aparte de justificar los elementos más fantásticos del universo, aprovecha para darse el placer de homenajear el cine de invasiones extraterrestres en unas escenas que realmente son lo mejor de la narración. “El hombre de acero” tiene al menos una buena banda sonora compuesta por Hans Zimmer, compositor con experiencia en el terreno de los superhéroes gracias a sus colaboraciones en las películas de Nolan sobre el hombre murciélago. La música tiene un tono místico, etéreo y contenido afín a la representación de la figura que terminará conociéndose como Superman, y a cómo el mundo va dándose cuenta de su existencia.

Fotograma del General Zod (Michael Shannon)

Si el resultado final termina catalogándose de decepcionante, no es solamente por las buenas ideas pobremente ejecutadas sino además por desaprovechar un casting muy acertado, empezando por Henry Cavill como el nuevo Clark Kent / Superman, quien tiene tanto el físico como el carisma y la humanidad para ponernos de su lado desde el primer minuto que lo vemos. Son puntos del actor muy agradecidos que se ven lastrados únicamente por el pésimo trabajo en el personaje a manos de Goyer y Snyder. Michael Shannon como Zod es otro gran acierto de la película, aunque de nuevo luce más por lo que ofrece el actor que por el texto en el que se basa. Consigue crear un sociópata con aires de grandeza que de loco logra crear inquietud en el espectador, y aunque sus fines realmente son nobles, son los medios que utiliza para conseguirlos los que lo vilifican como personaje. Del resto de secundarios se puede decir lo mismo que Cavill: Kevin Costner y Russell Crowe, los dos grandes padres del protagonista, consiguen dar entidad a sus personajes a pesar de que, de nuevo, el texto no les trate bien, hasta llegar al punto en el que el primero tiene uno de los momentos más sonrojantes de la película, agravado por ser además uno de los supuestamente más intensos e importantes de la historia. Amy Adams, Diane Lane y Laurence Fishburne terminan de redondear un plantel de secundarios mucho mejor de lo que se merece la película.

El hombre de acero” es una película que bebe de excesos visuales y que tiene un drama finalmente mal definido pero comprensible, y es que después de todo el barullo narrativo entendemos y sentimos tanto el conflicto de Clark Kent como el de los terrestres. Sin embargo, al final no es ni el guión ni la dirección lo que la hunde, sino el poder atribuirle la peor condena que se le pueda dar a una producción cuya máxima finalidad es la de entretener: se trata de una película que termina cansando. Y esto es una autentica lástima.

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4

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