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Película

El puente de los espías

Sinopsis

James B. Donovan (Tom Hanks) es un abogado al que le tocará la ingrata tarea de defender a Rudolf Abel (Mark Rylance), un residente americano destapado como espía ruso.

Crítica

El puente de los espías

Fotograma de James B. Donovan (Tom Hanks)

Basada en hechos reales, Steven Spielberg se reúne de nuevo con Tom Hanks para narrar esta historia sobre la defensa de los derechos civiles de un espía ruso en una América metida de lleno en la caza de brujas producto de la Guerra Fría, cuando se sospechaba que cualquier vecino estadounidense podría ser en realidad un comunista. Al modesto abogado Donovan le es encomendada la ingrata tarea de ejercer de abogado defensor, y en su inquebrantable firmeza hará lo posible para asegurar a su cliente un juicio lo más justo posible. Más allá de la interesante premisa con desarrollo todavía más prometedor, Spielberg realiza un canto hacia la humanidad, la defensa de los derechos civiles para todos sin discriminación alguna.

Es alabable poder utilizar la palabra refrescante cuando se habla de un director consagrado como es el caso de Spielberg, y es que el cambio formal y dramático que ha decidido adoptar recientemente primero con “Lincoln” (2012) y ahora en mayor medida con “El puente de los espías” es realmente meritorio, porque este nuevo film del director destaca primeramente por ser un trabajo sobrio, elegante e incluso introspectivo; y en segundo lugar por sus puntos de ironía y mordacidad otorgados por un guión reescrito ni más ni menos que por Ethan y Joel Coen a partir de un libreto original de Matt Charman.

El puente de los espías

Fotograma de Rudolf Abel (Mark Rylance)

La historia no se decanta hacia una simple batalla entre occidente y oriente como manidos avatares del bien contra el mal, ni tampoco termina de enfocarse como producto histórico o de aventuras con espías, sino que se mete de lleno en un drama de procedimientos judiciales con un abogado de ética inquebrantable (Hanks) -personaje característico del director- cuyo don de palabra y la negociación le permiten salir de más de un apuro en un marco histórico sórdido y pesimista, uno en el que la línea entre amigo y enemigo queda diluida en un mar de intereses e ideales políticos, culturales o sociológicos por parte de dos gobiernos embarrancados en una contienda que pudo haber desembocado en una tercera guerra mundial.

La historia te mantiene enganchado durante sus más de dos horas de duración, empezando por una excelente secuencia inicial medida hasta el más mínimo detalle en la que ya se marca el tono dramático de la narración. Spielberg empieza luciendo dominio con la cámara, pero pronto se modera para centrarse más en la historia y, como viene siendo habitual en el director, la película termina siendo un gran trabajo de planificación y puesta en escena. Del mismo modo, “El puente de los espías” es un prodigio a nivel técnico, empezando por un montaje de aúpa de Michael Kahn que salta de trama a trama con elipsis brutales, un fantástico diseño de producción de Adam Stockhausen y una bella fotografía de Janusz Kaminski (a pesar del típico juego de colores fríos para oriente en contraposición de los cálidos en occidente, y su característico uso de las sobre exposiciones). El elemento más sorprendente en este aspecto es que es la primera vez desde “El color púrpura” (1985) que se rompe la relación entre el director y el músico John Williams, quien tuvo que dejar la producción por problemas de salud. En esta ocasión es Thomas Newman el que se encarga de la composición de una partitura que sorprende por su ausencia en pantalla –siendo esto otro elemento rompedor en la realización de Spielberg- y por unas composiciones melódicas con tambores patrióticos que resuenan más a trabajos previos de Williams que a las del propio Newman. Esto no disminuye un trabajo notable por parte del compositor, cuya composición cumple de sobras su función cuando la película requiere su uso.

El puente de los espías

Fotograma de El puente de los espías

Poco importa el carácter excesivamente correcto de Donovan porque Hanks consigue otorgar carisma y credibilidad al personaje en cada una de las escenas. Es en resumen un “ciudadano ejemplar” en su definición de padre de familia americano de gran moralidad y conocimiento. Hanks es el personaje con más presencia en la pantalla, por lo que el peso de la película recae básicamente en él y a día de hoy no es ninguna sorpresa asegurar que aguanta la tarea como el gran actor que es. Aun así, Mark Rylance consigue hacerse con las escenas cada vez que sale, siendo tal su trabajo en la película que se convierte en un secundario que rivaliza con Hanks cuando ambos se encuentran en la pantalla. Del resto del reparto solamente destaca Amy Ryan porque los demás secundarios se limitan a interpretar unos personajes bastante maniqueos.

A pesar de todo lo expuesto, Spielberg peca de algunos de sus tics personales como un innecesario alargamiento del tercer acto, una cierta caricaturización de los villanos, un tono demasiado pro americano, y un edulcoramiento dramático puntual. Sin embargo eso no quita que “El puente de los espías” se trate en definitiva de otro gran trabajo del director. Más cercana a “Munich” (2005) que a “La lista de Schindler” (1993), el director deja de banda su virtuosismo característico para dar prioridad a una puesta en escena cuyo mayor foco es la historia que quiere contar, con lo que demuestra su capacidad de adaptación formal cuando se lo propone y que a pesar de su larga trayectoria todavía tiene cosas que decir. Muy recomendable.

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Valoración

9

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