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Película

Los 400 golpes

Sinopsis

Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) es un adolescente desatendido que decidirá irse de casa y vivir por su cuenta.

Crítica

Fotograma de Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud)

Los 400 golpes” es una película que nace fruto de la ideología de un grupo de entusiastas del cine en la Francia de los 50 que querían recuperar el concepto de autoría en un cine nacional e internacional plagado de producciones industriales con una base muy guionizada. Es con esta mentalidad que el cineasta François Truffaut concibe esta opera prima suya con la que catapulta un movimiento cinematográfico que el tiempo le pondría el nombre de Nouvelle Vague, formado por unas obras caracterizadas por abrazar un mismo modo de entender el cine. De este modo, el director desarrolla esta historia sobre un adolescente dotado de una gran sensibilidad, Antoine Doinel, cuya sensación de rechazo por parte de la sociedad le hace aislarse de ella y empezar a llevar una vida de delincuencia.

Es importante destacar que con esta premisa Truffaut no llega a desarrollar una historia compleja sino que se centra en el personaje de Antoine, con quién vivimos todos los acontecimientos que tienen lugar durante el metraje, y para ello el director se sirve de la faceta expresiva del medio para acercarse a la mirada de Doinel. El director huye de artificios para dar un enfoque naturalista a una imagen en la que abundan las panorámicas y los travellings, mostrando así una puesta en escena aparentemente simple, pero muy elaborada en su conjunto, con una planificación que mezcla la sobriedad con la elegancia. Por otra parte, Henri Decaë ilumina los espacios de un modo realista basado en la luz natural de los mismos escenarios. En el caso de los interiores, se sirve de luces rebotadas que inciden en los mismos actores de un modo suavizado, apoyado por el mismo diseño de fotografía utilizado en la película: a medida que se exacerba el alineamiento social del protagonista, la imagen pasa de unos tonos suavizados con una predominancia de los grises a una más contrastada cuando nos acercamos al final del relato, acompañado en ambos casos de un uso del blanco y negro que transmite la frialdad y el desapego acordes con el sentimiento generalizado de la historia. Se debe mencionar además la música de Jean Constantine, cuyo trabajo también gira alrededor del personaje principal.

Fotograma de Los 400 golpes

El elemento más importante de la película después del mismo director es el trabajo realizado por su joven protagonista, Jean-Pierre Léaud, pues es sobre él donde cae todo el peso dramático de la historia. Truffaut nos traslada siempre a su punto de vista, provocando que nosotros como espectadores siempre estemos a su lado, sepamos lo mismo que él y, mucho más importante, sintamos lo mismo que Doinel. Al fin y al cabo la película trata sobre su mundo. Considerando esto, Léaud se sobrepone a la tarea y representa muy convincentemente las distintas facetas que le arranca la historia, una que le lleva a enfrentarse contra un muro infranqueable que le separará primero de sus padres, y luego incluso de sus propios compañeros de clase. El resto del elenco es también excelente, destacando a Claire Maurier y, sobretodo, a Albert Rémy como los padres de Antoine.

François Truffaut fue una personalidad que se formó a si misma acudiendo al cine a una temprana edad. Ahí conoció a André Bazin, crítico que lo apadrinaría introduciéndolo a la crítica cinematográfica de su revista Cahiers du Cinema. De los escritos sobre las películas de un joven Truffaut nacería una pulsión de querer plasmar en imágenes su propia visión del cine, y esa idea cobraría forma en su opera prima “Los 400 golpes”. Lo mismo sucedería con otras personalidades salidas también de la revista, como sería el caso de Claude Chabrol, Eric Rohmer, Jean-Luc Godard o Jacques Rivette, intelectuales que compartían la pasión por el cine de directores tan diversos como Max Ophüls, Jacques Tati, Orson Welles, Jean Pierre Melville, o Alfred Hitchcock, entre otros, desarrollando así un modo de entender el cine que posteriormente adquiriría el nombre de Nouvelle Vague. La intención de ese grupo era alejarse del academicismo propio del cine de aquella época, acercándose a la plasmación de una realidad determinada en contra del desarrollo de una historia, con una aproximación al cine más humano y cercano a problemas sociales del momento. Aunque Chabrol se le adelantó a la hora de ponerse detrás de las cámaras, sería “Los 400 golpes” la impulsora de esta nueva corriente cinematográfica. También se buscaba un concepto del “yo” artístico a partir de una puesta en escena que dotaría a la película de un discurso independiente llena de elementos auto biográficos para subrayar el carácter autoral de las obras. Tal como Truffaut declaró alguna vez, habla de lo que sabe o de lo que siente.

Fotograma de Los 400 golpes

En este caso se trata de un sentimiento de nostalgia hacia la niñez, con las preocupaciones de esa temprana edad cuando empezamos a adquirir comprensión de las cosas pero todavía somos demasiado jóvenes como para entenderlas en su plenitud. Es muy significativo que Antoine solamente se comunique con René (Patrick Auffay), un amigo del colegio también desatendido por su familia, siendo este probablemente uno de los aspectos auto biográficos de la obra pues en su juventud Truffaut recibió más apoyo de André Bazin que de su propia familia.

Con “Los 400 golpes”, Truffaut consolidaría definitivamente la idea del cine como plasmación de una mirada expresiva del autor detrás de las cámaras, con unas imágenes repletas de más alegorías de lo que seguramente seria posible percatarse en un único visionado, relegando a un segundo plano aspectos técnicos como la puesta en escena aunque la película también sea un portento en este aspecto. Imprescindible.

Valoración

10

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