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Película

Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma

Sinopsis

La República envía a dos delegados para mediar en un problema comercial entre el planeta Naboo y la Federación de Comercio.

Crítica

Star Wars: Episodio I - La amenaza fantasma

Qui-Gon Jinn (Liam Neeson), Anakin Skywalker (Jake Lloyd) y Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor)

Película despreciada donde las haya, “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”, es, aparentemente, la responsable de la violación y mutilación inmisericordiosa de la infancia de millones de personas que se enamoraron de una historia iniciada en “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977). Encabezada de nuevo por Lucas, “La amenaza fantasma” se trata de una producción con la que su creador esperaba repetir la fórmula mágica que cautivó a generaciones enteras décadas atrás. Tal como son las cosas, la película falló estrepitosamente en todos sus aspectos y es recordada ahora como un ejemplo a evitar a la hora de relanzar franquicias, poniendo en el punto de mira a dos aspectos interminablemente criticados por infantilizar la película: la fallida creación de Jar Jar Binks como comparsa cómico, y la elección del jovencísimo Jake Lloyd como Anakin Skywalker, personaje central de la saga. Aunque ambas incorporaciones son altamente cuestionables, no son más que la punta de un iceberg tan grande como el propio universo de Star Wars.

La historia arranca con la presentación de los dos personajes principales: Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) y Qui-Gon Jinn (Liam Neeson), quienes son enviados en una misión de paz por la República Galáctica en un problema fronterizo entre la poderosa Federación de Comercio y el pequeño planeta Naboo. A partir de esta premisa salen a relucir varios de los temas de los que George Lucas quiere hablar: los problemas burocráticos de un sistema gubernamental corrupto, las debilidades del grupo de guardianes conocidos como Jedis, la reaparición de los Lores del Sith, supuestamente aniquilados años atrás, o la necesidad e hipocresía de los héroes en tiempos adversos. Es toda una amalgama de ideas que se suman a leyendas, mundos, seres y arquitecturas propias de este universo tan único creado por la mente inmensamente creativa de Lucas, y que se juntan a un buscado sentido de la aventura que nunca se alza a las necesidades dada la nefasta labor del director a la hora de trasladar en imágenes un guión lleno de ideas tan interesantes como finalmente mal desarrolladas.

Star Wars: Episodio I - La amenaza fantasma

Fotograma de la Reina Amidala (Natalie Portman)

Desafortunadamente los problema se extienden más allá del guión, alcanzando la dirección y, por tanto, ejecución de los diferentes departamentos involucrados en la producción, de los cuales se salvan unos pocos dada la buena labor individual de los jefes de cada área. Lucas graba casi toda la película utilizando decorados, secundarios y elementos de attrezzo creados por ordenador, dando una injustificada importancia a unos efectos digitales innovadores en su día que no han sabido envejecer nada bien, con lo que muchas veces quedan planos de fondos vacíos cuyos elementos además lucen unas texturas de lo más pobres con la consecuente carencia de exotismo que piden los mundos de la película. Lo mismo sucede con la integración de los personajes digitales con los actores reales. A pesar de haber engañado a los ojos en su día, actualmente salta a la vista el contraste entre lo real y lo generado por ordenador, y la mezcla de los dos elementos en el mismo plano tiene un resultado final que solo se puede tildar de aberrante. A esto se le suma una planificación y puesta en escena simplemente pobres, especialmente agravante considerando que el lenguaje cinematográfico se ajustó para poder dar cabida a las limitaciones tecnológicas del momento, y una dirección de actores muy pobre. Esto último es una auténtica pena considerando el formidable casting principal encabezado por Neeson, McGregor y Natalie Portman como la Reina Amidala, a los que se les unen los secundarios Ian McDiarmid como el bondadoso Senador Palpatine y las escalofriantes presencias de Ray Park como Darth Maul, y del misterioso Darth Sidious, villanos de la historia. Ya hemos hablado de lo desacertado del personaje de Jar Jar Binks, al que se les une los robots R2D2 y C-3PO, metidos con calzador para contentar a los fans, por lo que es mejor pasar directamente al gran interrogante de la película: ¿a quien le pareció buena idea iniciar un interés romántico entre dos actores tan dispares como Portman y Jake Lloyd? El pequeño actor hace lo que puede para realzar tanto la inocencia de la temprana edad de su personaje como las agallas y carácter intrépido que lo definen, pero desgraciadamente tiene ante si dos obstáculos titánicos que son la mala dirección de actores de Lucas y los pésimos diálogos que le toca recitar. Todo esto empeora a la hora de crear un mínimo sentido de química con Portman, y al final queda la duda sobre si no hubiera sido mejor coger a una actriz más próxima a la edad de Lloyd o, mucho mejor, haber escrito a un Anakin ya entrado en la adolescencia.

Star Wars: Episodio I - La amenaza fantasma

Fotograma de Darth Maul (Ray Park)

En general, a la película le falta más tensión y emoción, y las escenas de acción que deberían mantenernos pegados en el asiento carecen de espectacularidad, no solo por la aberrante labor detrás de las cámaras de Lucas, sino además por su oficio como guionista. Falla en los diálogos, en la caracterización, en desarrollar obstáculos, al crear una mínima sensación de causalidad que una la película, porque lo poco interesante que vemos sucede siempre de modo aleatorio y gratuito, y, lo más denunciable, es que echa a perder todas las ideas interesantes planteadas en su historia. Parece como si Lucas se hubiera contentado con un primer borrador de guión para poder mostrar al mundo sus avances tecnológicos y para poder generar una nueva oleada de merchandising con las que llenar sus arcas, porque la película es un auténtico desastre, y en esta ocasión no hay un sentido mítico o aventurero que la puedan salvar.

Se puede decir que tiene un ritmo decente, por suerte no llega a aburrir, y tiene alguna escena puntual lograda, pero finalmente lo único realmente destacable es el diseño de producción de Gavin Bocquet y la excelente labor del compositor John Williams, quien exprime toda su maestría habitual para crear otra banda sonora memorable llena de emoción, exotismo y misterio. Además, hace lo imposible y compone un tema que rivaliza con “La marcha imperial” que creó para “El Imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1980): “Duel of the Fates”, tema principal de Darth Maul con unos coros diabólicos capaces de poner los pelos de punta a cualquiera. A parte, destacan también “Anakin’s Theme”, “Jar Jar’s Introduction and The Swim to Otoh Gunga”, “The Arrival at Tatooine and The Flag Parade” y “The Droid Invasion and The Appearance of Darth Maul”, cada una de ellas tocando la mayoría de temas principales de la película.

Lo peor de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” no es solamente que se trate de una producción fallida, sino que además es una película argumentalmente poco importante dentro de toda la saga, considerando como termina ésta y como empieza “Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones” (George Lucas, 2002). En resumen, completamente olvidable. Conoce más sobre todas las películas de Star Wars.

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2

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