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Película La tumba de las luciérnagas

“Única como ella sola, ‘La tumba de las luciérnagas’ se merece la etiqueta de obra maestra”

10

Sinopsis

Seita y Setsuko son dos hermanos que tratarán de sobrevivir en la ciudad de Kobe durante la Segunda Guerra Mundial.

Crítica

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Fotograma de Seita con Setsuko

El Estudio Ghibli siempre ha tenido dos grandes mentes creativas que le han dado todo el merecido renombre cosechado hasta la fecha. Uno no debería necesitar mucha presentación: Hayao Miyazaki, cuya primera película para el estudio, titulada “Nausicaä del Valle del Viento” (1984), sigue siendo todavía hoy una de sus mejores películas pese haber dirigido desde entonces auténticas joyas del cine de animación. En segundo lugar, en una posición considerablemente menos conocida, está Isao Takahata, director igual de brillante que su compañero, pero con una sensibilidad dramática muy diferente. Si el cine del primero es conocido por sus mundos coloridos y fantásticos, Takahata quedó definido por un estilo más moderado y al servicio de la historia debido a un largometraje que, más allá de su innegable calidad, sería una importante declaración de intenciones por parte del cine japonés sobre lo que puede llegar a ofrecer la animación como medio narrativo.

Esta película lleva por título “La tumba de las luciérnagas”.

La historia tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el país estaba siendo bombardeado continuamente y las alarmas de ataque saltaban frecuentemente. Entre muchos de los afectados están Seita y Setsuko, dos hermanos que iniciarán un viaje de supervivencia en el que verán cómo se quedan cada vez más solos en una Japón falta de recursos y de humanidad.

La tumba de las luciérnagas” se estrenó en Japón el año 1988 en un programa doble junto a “Mi vecino Totoro” (Hayao Miyazaki), dos películas producidas por Ghibli pero diametralmente opuestas, pues si el film de Miyazaki era un ejercicio de tranquilidad e inocencia que obtuvo un gran reconocimiento por parte del todo el mundo hasta el punto de convertir a Totoro en el Mickey Mouse del estudio japonés, la otra, a pesar de caer en la sombra de aquella, demostró que la animación tenía más usos que la saturación de colores, la presencia de criaturas fantásticas o la acción a gran ritmo.

En un marco de cine de animación dominado prácticamente por Disney, el tono de “La tumba de las luciérnagas” destacó por su realismo aplastante. Y digo aplastante dado el tono tan contundentemente frío con el que se desarrolla la historia, una premisa triste y desesperanzada acorde con el contexto histórico en el que se sitúa el drama. El guion, basado en un relato homónimo de Akiyuki Nosaka a partir de sus propias experiencias durante aquella época, es una sucesión de escenas claramente encaminadas a un desenlace presentado ya en los primeros minutos del metraje, y cuyo único faro de luz parece provenir siempre de Setsuko.

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Fotograma de Setsuko

Si la pequeña protagonista es un incomprensible mar de inocencia y bondad ante tanta miseria, Seita destaca por su gran estoicismo y dedicación hacia su hermana. Esa responsabilidad asumida le conllevará a vivir una degradación sin límites para poder asegurar el bienestar y cuidado de Setsuko. Seita, sin dudar en ningún momento, hará absolutamente todo para poder mantener intacta la inocencia de su hermana y para poder seguir disfrutando de su risa alegre.

La tumba de las luciérnagas” no es únicamente una película sobre dos niños en medio de un conflicto apocalíptico, sino esa historia vivida bajo el punto de vista de dos niños. El uso de la animación para contar esta historia puede ayudar a realzar esa sensación dado su estilo aparentemente más inocente, pero donde encuentra su mayor baza es en la representación de ciertas imágenes, de algunas escenas, que de otro modo hubieran convertido la película en algo todavía más difícil de ver. Lo que tienen que vivir los dos protagonistas y algunas de las terroríficas cosas que ven, y el realismo puro que se transpira de las imágenes, probablemente hubieran convertido la película en una experiencia rayando lo sádico. En pocas palabras, no se utilizó la animación tanto como género, sino como un medio o estilo al alcance del director para narrar su historia.

Estamos ante una película fría, sin ningún tipo de concesiones hacia el público. “La tumba de las luciérnagas” puede verse como una película antibélica, como un relato de supervivencia, o de como las situaciones extremas nos depravan de toda humanidad. En la historia se vive un proceso gradual de desinterés por parte de todos los adultos hacia los dos protagonistas.

Es sabido ya desde el estreno de “Nausicaä del Valle del Viento” que la animación en las películas de Ghibli es atemporal. “La tumba de las luciérnagas” utiliza una paleta de colores poco vibrante, más bien terrenal, pero nada de eso quita la elegancia y, cuando se busca, belleza de las imágenes. Hay un tratamiento sobrio y sin alardes. Contrasta los azules y verdes brillantes de los paisajes en los tramos veraniegos, con el resto de la película, y aquí se encuentra un gran contraste entre la situación desesperada de los personajes con los colores utilizados. Se puede cuestionar la necesidad de haber realizado esta película en animación en lugar de en imagen real, pero lo cierto es que es gracias a haber utilizado este sistema que se ha podido mostrar la crueldad de la guerra con tan pocos miramientos.

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Fotograma de La tumba de las luciérnagas

Ha habido incontables producciones narrando la Segunda Guerra Mundial desde distintos puntos de vista, pero no parece haber muchas centradas en como eso afecta a los más pequeños. Vista como una crítica anti-belicista o anti-crueldad, la imagen que Takahata da de la sociedad japonesa durante esta etapa oscura es horrible y brutal en su honesta representación de una muchedumbre preparada para enfrentarse entre ellos cuando en realidad deberían haberse ayudado mutuamente como nunca antes lo habían hecho.

Bajo esta idea simple Takahata desarrolla “La tumba de las luciérnagas” con una mano sin concesiones que no teme dejar al espectador con el corazón en un puño sin abusar de la lágrima fácil. No se trata de que tenga escenas lacrimógenas, sino que lo que viven los personajes es tan desolador que es complicado no sentir nada mientras se ve la película.

Única como ella sola, se merece la etiqueta de obra maestra.

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