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Crítica de Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones (2002): una historia de transición marcada por su ambición digital

02/04/2026
Anakin Skywalker (Hayden Christensen) y Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) en Coruscant en Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones

En fase de transición

Que “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” (George Lucas, 1999) no generara el mismo entusiasmo mediático de la trilogía original de Star Wars, no quita que fuera un éxito descomunal en la taquilla. Ni tampoco que fuera una fuerza imparable de venta de juguetes y merchandising de todo tipo. Así, tres años después de su estreno llega su secuela, “Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones”. Una película tan preocupada por seguir los conflictos presentados en su antecesora, como a desarrollar cómo el niño inocente que es Anakin Skywalker se convierte en el monstruo llamado a ser conocido como Darth Vader. Se trata de una propuesta también preocupada por seguir explotando hasta el límite las posibilidades del CGI, en un momento histórico para el mundo del cine que solamente se podría llamar de transición.

Como ya hiciera Lucas con su primera trilogía galáctica de los años 70 y 80, buscaría aquí revolucionar la industria con unos modos de rodaje ya aposentados al máximo en el digital. Tanto por los susodichos efectos especiales y de animación, como por ser el primer blockbuster en ser grabado enteramente con cámaras digitales. Con ello, intencionadamente o no, se da inicio a la era moderna del cine digital, con todo lo que ello implicará para el futuro de la industria… Y también para el desarrollo de ésta misma película.

Yoda en en Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones
La Orden Jedi intenta mantener el equilibrio en una galaxia al borde del conflicto.

¿De qué trata Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones?

La galaxia está al borde de un conflicto bélico a medida que más planetas abandonan la República Galáctica para unirse a la causa de la Confederación de Sistemas Independientes. El Canciller de la República Palpatine (Ian McDiarmid) hace todo lo posible para mantener bajo control la frágil estabilidad inter planetaria y discute con la Orden Jedi encabezada por el Maestro Yoda (voz de Frank Oz) la necesidad de un ejército en el caso de que estalle una guerra.

Los acontecimientos se precipitarán cuando varios intentos de asesinato contra Padmé Amidala (Natalie Portman), la senadora del planeta Naboo, lleven al caballero Jedi Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) a investigar quien hay detrás de los atentados mientras su aprendiz Anakin Skywalker (Hayden Christensen) vela por la seguridad de ella. La investigación del caso llevará al primero a un trágico descubrimiento que conmocionará a toda la galaxia, mientras el otro inicia un peligroso romance con la persona a la que ha jurado proteger.

Obi-Wan Kenobi luchando contra una criatura en Geonosis en Star Wars Episodio II
La película combina aventura, espectáculo y referencias a múltiples géneros cinematográficos.

El patio de juegos de George Lucas

George Lucas siempre ha bebido de los múltiples géneros cinematográficos para moldear este universo tan particular. La original “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977) era un pastiche del western, del cine samurái o del cine de aventuras, entre otros. “La amenaza fantasma” rendía homenaje sobre todo al peplum clásico y las historias de la antigua Roma, mezclando ahora el cine de samuráis con la espectacularidad de los wuxia. “El ataque de los clones” lleva la saga por vez primera al terreno del cine negro, los thrillers de conspiración o el melodrama romántico. Todo ello a la vez que la devuelve a sus orígenes, con varios elementos de las aventurillas pulp más clásicas.

Algunas de esas referencias suponen una dimensión dramática más profunda que varias de las presentadas en los orígenes de la saga. Sin ser ni mejor ni peor, sí requiere una mayor habilidad en la escritura para poder manejar igual de bien el drama con la aventura. Las pinceladas más adultas con la diversión más juvenil. Se trata de una amalgama de tonos y estilos opuestos que aquí no terminan de fluir con la misma naturalidad que en los esfuerzos previos de Lucas.

Parte del motivo de ello es un guión de base que, como ya ha sucedido en muchas otras entregas de esta franquicia, hubiera requerido una revisión por parte de manos más habilidosas. Lo cierto es que las secciones de la película que se sumergen de lleno en el pulp todavía funcionan lo suficientemente bien en sus propios términos. Es, sin embargo, en las partes donde el drama, las relaciones de los personajes y el conflicto general mueven los hilos de la narración que el conjunto se viene abajo.

Anakin Skywalker y Padmé Amidala (Natalie Portman) en Naboo en Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones
El romance entre Anakin y Padmé no logra sostener el núcleo dramático de la película.

Amores peligrosos

Debido a ello, varias decisiones tomadas por los personajes, como por ejemplo, sin ir más lejos, el propio romance entre Anakin y Amidala pueden levantar bastantes interrogantes, en lugar de hacernos partícipes de las tragedias que puedan suceder dada su peligrosa relación. Ahí falla el tono, los diálogos, y unas interpretaciones desagradecidas por parte de Portman y Christensen que, lejos de demostrar falta de talento de ambos actores, vuelve a denotar una de las grandes debilidades de Lucas como director: la dirección de sus actores.

Lucas no sabe construir el interés romántico que pide la historia, y esta carencia se extiende también a otras secuencias de “Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones”. La investigación de Obi-Wan Kenobi tiene un punto de partida interesante, pero le falta un desarrollo elaborado. Si su trama sale algo mejor parada que la de su compañero Jedi es únicamente por el sentido de aventura que lo lleva de un sitio de la galaxia a otro. Pudiendo de este modo presentar distintos planetas, hábitats y habitantes. En cierto modo, enriquece el universo de un modo creativo y fascinante…

Además de todo ello, se busca desarrollar los motivos del inexorable sino de Anakin. Aunque estos se entienden, por todo lo comentado hasta ahora no siempre terminan de funcionar tan bien como le gustaría a Lucas.

Ejército de clones en Kamino en Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones
El uso del CGI permite crear grandes composiciones, pero refuerza la sensación de artificialidad.

La puesta en escena digital

Visualmente la película luce más como un videojuego que como una película propiamente dicha, y aunque ello le permite construir unos mundos atractivos, el paso del tiempo juega en su contra al generar unos planos en el que se nota cuando algo está hecho por ordenador y cuando es real. Se apuesta por la fotografía digital, pero es una idea que juega en contra de la película hasta llegar a un extremo en el que el concepto de iluminación desaparece de la ecuación. Aun así, demuestra mejor mano de ella que muchos trabajos de iluminación planos del cine contemporáneo, donde no hay una intención de buscar sombras o contrastes.

Lo mismo se puede decir de la puesta en escena, pues se pierde al estar sujeta a las múltiples composiciones en CGI en lugar de a un sentido dramático. A Lucas le falta dar un mayor ritmo a la narración y la planificación resulta bastante plana, hecho que perjudica a la hora de crear tensión en las escenas de acción. Si acaso, Lucas demuestra tener un cierto gusto estético a la hora de componer sus planos. Se preocupa por los detalles y que todos entren bien en la imagen. Además, como suele ser habitual en la franquicia, rinde homenajes visuales a obras maestras del cine, como la legendaria “Centauros del desierto” (John Ford, 1956).

«‘Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones’ quizás termina siendo una obra clave no tanto por lo que cuenta, sino por cómo anticipa la transformación digital del cine moderno, con todo lo bueno y -sobretodo- malo que eso ha conllevado»

La película está llena de imaginación y creatividad propias de su creador, además de volver a demostrar un buen ojo para la composición de los planos. Sin embargo, el conjunto denota cómo Lucas debería haber abandonado las funciones de dirección y guionista, actuando únicamente como productor, porque el mayor problema no es el mejorable resultado final, sino ver todo el potencial perdido.

Nos encontramos así ante una película en la que la ambición tecnológica de George Lucas parece avanzar más rápido que su capacidad para sostener un relato dramático sólido.

Dexter Jettster en la cantina de Coruscant en Star Wars Episodio II
El diseño de criaturas y el worldbuilding siguen siendo uno de los grandes aciertos de la película.

Virtudes

A pesar de todo esto, “El ataque de los clones” no carece de virtudes. El diseño de producción vuelve a ser de ensueño, y en este aspecto Gavin Bocquet plasma perfectamente las ideas de Lucas para los mundos y criaturas que salen en la película, que además cobran vida gracias al diseño de sonido de Ben Burtt. John Williams no suele fallar por muy ardua que sea la tarea. Puede que se deba a que las ideas de base son geniales, porque vuelve a llenar la película de magia con sus partituras, empezando por el tema principal, “Across the Stars”, un tema romántico para Anakin y Padmé muy bello aunque cae en lo pomposo cuando se pone junto a los pésimos diálogos y situaciones de la película.

El reparto es bastante sólido. Christensen y Portman son los más flojos de la película, pero es difícil condenarles dada la precariedad de la ejecución de su director. Por otra parte, McGregor da carisma y entidad a su Obi-Wan Kenobi. Lo mismo se puede decir de McDiarmid en su papel de Canciller Palpatine, Frank Oz es irremplazable como la voz de Yoda, y a todos ellos se les une Temuera Morrison como el cazarrecompensas Jango Fett, Jimmy Smits como el senador Bail Organa, y Christopher Lee como el Conde Dooku, un Jedi que decidió dejar la Orden.

A pesar de todo, la narración contiene momentos puntuales de una carga dramática que sobresale muy por encima del conjunto.

Anakin Skywalker y Padmé Amidala en Tatooine en Star Wars Episodio II
Más allá de sus problemas, la película conserva momentos de una gran fuerza visual y emocional.

¿Vale la pena ver la película?

En resumen, “Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones” se puede considerar con todo una película fallida. Es una película, quizás no con más problemas que virtudes, pero sí con un fallo enorme en su núcleo dramático central, que es el de hacernos creer la relación entre Anakin y Padmé. Además de un desarrollo del primero que quizás habría requerido una mayor profundidad más allá de sus arrebatos de furia puntuales.

Como en otras entregas de la saga, puede valer la pena verla por como se expande el universo en modos creativos, y como los alucinantes efectos de sonido, y algunos momentos visuales, son de auténtico ensueño.

Con todo, mejor o peor, quizás termina siendo una obra clave no tanto por lo que cuenta, sino por cómo anticipa la transformación digital del cine moderno, con todo lo bueno y -sobretodo- malo que eso ha conllevado.