
El fin de una era
Los 90 fueron la última década de la historia del cine donde el medio se nutriría de conceptos tan populares como el star system o los géneros cinematográficos. El mundo del cine entraría en el siglo XXI con el inicio de la explotación de las IPs, gracias al éxito de películas como “Harry Potter y la piedra filosofal” (Chris Columbus, 2001), “El señor de los anillos: La comunidad del anillo” (Peter Jackson, 2001), “X-Men” (Bryan Singer, 2000) o “Spider-Man” (Sam Raimi 2002). Siendo estas dos últimas también el inicio del cine de superhéroes moderno. Antes de todo esto, se podría decir que, en el cine, la mayor propiedad intelectual de prestigio era la saga de Star Wars creada por George Lucas. Quizás por eso, el estreno de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” vino acompañada de una expectación nunca vista hacia una película.
La premisa de esta nueva entrega es la siguiente: la República envía a los Caballeros Jedi Qui-Gon Jinn (Liam Neeson) y Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) para mediar en un problema comercial entre el planeta Naboo, gobernado por la Reina Amidala (Natalie Portman) y la Federación de Comercio.

La expectativas nunca son buenas
En su estreno, “La amenaza fantasma” fue despreciada de manera casi unánime. Además, aparentemente fue la responsable de la mutilación inmisericordiosa de la infancia de millones de personas que se enamoraron de una historia iniciada con “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977). Dirigida y escrita de nuevo por Lucas, “La amenaza fantasma” se trata de una producción con la que su creador esperaba repetir la fórmula mágica que cautivó a generaciones enteras décadas atrás. Tal como son las cosas, la película falló estrepitosamente en todos sus aspectos y es recordada a día de hoy como un ejemplo a evitar a la hora de relanzar franquicias, poniendo en el punto de mira algunos aspectos mejorables de toda la propuesta.
A partir de la premisa presentada, salen a relucir varios temas de los que George Lucas quiere hablar: los problemas burocráticos de un sistema gubernamental corrupto, las debilidades del grupo de guardianes conocidos como Jedis, la reaparición de los Lores del Sith, supuestamente aniquilados años atrás; o la necesidad e hipocresía de los héroes en tiempos adversos. Es toda una amalgama de ideas que se suman a leyendas, mundos, seres y arquitecturas propias de este universo tan único creado por la mente inmensamente creativa de Lucas. Todo ello se junta a un buscado sentido de la aventura que nunca se alza a las necesidades dada la pobre labor del director a la hora de trasladar en imágenes un guión lleno de ideas tan interesantes como finalmente mal desarrolladas. Pese a sus buenas intenciones, Lucas no termina de dar en la tecla para llevar a buen puerto sus propias intenciones.

A la vanguardia del CGI
Con el cambio de siglo no solo se entraría en la época de las explotaciones de las IPs, si no también vendría con el abuso de los efectos generados por ordenador. “La amenaza fantasma” sería la primera película en tener gran parte del metraje rodado con cromas para su posterior retoque por ordenador. Sería una decisión que afectaría a casi todos los departamentos artísticos de la película. Empezando por la propia puesta en escena de Lucas, completamente dependiente de las necesidades del CGI. Lucas graba casi toda la película utilizando decorados, secundarios y elementos de attrezzo creados por ordenador. Así da una injustificada importancia a unos efectos digitales innovadores en su día que no han sabido envejecer nada bien
Muchas veces quedan planos de fondos vacíos cuyos elementos además lucen unas texturas de lo más pobres con la consecuente carencia de exotismo que piden los mundos de la película. Lo mismo sucede con la integración de los personajes digitales con los actores reales. A pesar de haber engañado a los ojos en su día, actualmente salta a la vista el contraste entre lo real y lo generado por ordenador, y la mezcla de los dos elementos en el mismo plano tiene un resultado final algo mediocre. Al final, la mayoría de los efectos especiales resultan pobres, y la propia puesta en escena de Lucas tampoco brilla especialmente bien. Así como una dirección de actores también mejorable.

Del guión a la pantalla
Esto último es una auténtica pena considerando el formidable reparto encabezado por Neeson, McGregor y Portman, a los que se les unen los secundarios Ian McDiarmid como el bondadoso Senador Palpatine o la escalofriante presencia de Ray Park como Darth Maul, villano de la historia. A Jake Lloyd le tocó la carga de dar vida a un jovencísimo Anakin Skywalker. El pequeño actor hizo todo lo posible para realzar tanto la inocencia de la temprana edad de su personaje como las agallas y carácter intrépido que lo definen. Sin embargo, nada de ello es suficiente para pasar por encima de la mencionada pobre dirección de actores de Lucas, y de unos diálogos flojos, que ni tan solo actores más veteranos consiguen recitar con naturalidad.
Lucas falla en los diálogos, en la caracterización, en desarrollar obstáculos y en crear una mínima sensación de causalidad que una la narración. En general, a la película le falta más tensión y emoción. La mayoría de escenas de acción carecen de espectacularidad, y lo poco interesante de la historia sucede casi siempre de un modo aleatorio y gratuito. Parece como si Lucas se hubiera contentado con un primer borrador de guión para poder mostrar al mundo sus avances tecnológicos. Y, de paso, generar una nueva oleada de merchandising con las que llenar sus arcas.

Luces entre tantas sombras
Como positivo, destacar un cierto gusto estético a la hora de componer los planos por parte de Lucas. Se puede decir que la película tiene un ritmo decente y alguna escena puntual lograda. Dicho esto, lo realmente destacable es el diseño de producción de Gavin Bocquet y la excelente labor del compositor John Williams, quien exprime toda su maestría habitual para crear otra banda sonora memorable llena de emoción, exotismo y misterio.
Además, hace lo imposible y compone un tema que rivaliza con “La marcha imperial” que creó para “El Imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1980). Como “Duel of the Fates”, tema principal de Darth Maul con unos coros diabólicos capaces de poner los pelos de punta a cualquiera. A parte, destacan también “Anakin’s Theme”, “Jar Jar’s Introduction and The Swim to Otoh Gunga”, “The Arrival at Tatooine and The Flag Parade” y “The Droid Invasion and The Appearance of Darth Maul”, cada una de ellas tocando la mayoría de temas principales de la película.
Lo peor de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” es la sensación de lo que podría haber sido, pero finalmente no fue. Lucas tenía todas las bazas a su favor para volver a crear un hito popular. Es posible que tras décadas centrándose más en la gestión de su inmenso negocio que en la realización de nuevas películas perdiera un conocimiento más artesanal sobre cómo encarrilar una película. Sin duda, una gran oportunidad perdida.
Por encima de eso, también simboliza el final de una forma de entender el cine, que quizás venía gestándose desde principios de los 90. El fin de un cine más artesanal para pasar a un cine dominado por la tecnología y el espectáculo industrial.
