
Érase otra vez…
Fue en 2012 cuando Disney adquirió Lucasfilm, tras una operación de compraventa multimillonaria que tuvo un gran impacto en la industria cinematográfica. La adquisición vino acompañada del anuncio de una nueva trilogía de películas basadas en Star Wars, con la promesa del regreso de las tres estrellas principales de la trilogía original: Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford en los respectivos papeles de Luke Skywalker, Leia Organa y Han Solo. J.J. Abrams sería el escogido para relanzar una franquicia cuya imagen se había resentido por la recepción de la trilogía de precuelas, donde se narraba la caída de Anakin Skywalker y el ascenso del Imperio Galáctico. La nueva película se titularía “Star Wars: El despertar de la fuerza” y juntaría a Abrams con el veterano guionista Lawrence Kasdan, quien ya había trabajado en “El imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1980) y “El retorno del jedi” (Richard Marquand, 1983).
Para la nueva entrega se buscaría presentar a los personajes conocidos junto a un nuevo plantel de protagonistas. La intención sería recuperar una iconografía reminiscente a la original “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977), alejándose de los elementos que habían diferenciado a “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” (Lucas, 1999). Con todo esto, la premisa gira alrededor de un misterioso mapa, objeto de deseo de dos grupos enfrentados. Dicho conflicto podría desatar una guerra en toda la galaxia. La llamada a la aventura llegará a la joven Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), quienes se verán sumergidos en la eterna lucha del bien contra el mal.

Una galaxia de expectativas
Como IP en manos de un gigante como Disney, la película tendría que enfrentarse con varios obstáculos. Entre ellos, recuperar la imagen de la franquicia tras el fiasco de las precuelas, reintroducir personajes queridos tanto por las audiencias nuevas como por las veteranas y presentar un nuevo plantel de protagonistas. Por si no fuera poco, también debía tener en cuenta a los millones de fans acumulados a lo largo de varias décadas. Con todo esto, se tomaría una decisión que modelaría la nueva trilogía: hacer una propuesta nostálgica, repitiendo conflictos básicos y lugares comunes, protagonizados ahora por una galería de personajes nuevos con sus propios dilemas.
Si en las películas anteriores se recurría a otros géneros cinematográficos como referencia (western, chambara, péplum…), ahora la inspiración se busca en la propia iconografía clásica de Star Wars, y en lo que el imaginario colectivo presupone de una película de esta franquicia. Quizá no sea casualidad que se escogiera a un director como Abrams, cuya filmografía estaba formada por secuelas, remakes/reboots y revisitaciones de referentes cinematográficos ochenteros.
¿Qué se puede esperar entonces de “El despertar de la fuerza”? Precisamente, un poco de todo lo mencionado, salpimentado con varios misterios planteados para ser desarrollados en futuras entregas, pues se trata de una propuesta intencionadamente serializada. En cierto modo también serviría para generar expectación durante los años previos al estreno de las películas, a modo de publicidad gratuita. Así, se presentan a los nuevos personajes principales y las relaciones entre ellos. Se generan preguntas y expectativas sobre varios puntos de la historia. Aunque hay un hilo conductor con sentido que une el principio con el final, éste no sólo no responde a algunas de esas preguntas sino que abre todavía más incógnitas.

Aventura a trompicones
Puede que sea por todo lo expuesto que tanto Kasdan como Abrams den preferencia a la presentación y al desarrollo de los conflictos de los personajes frente a una narrativa más cohesionada que enlace una secuencia con otra de un modo más causal. A veces, algunas situaciones dan una cierta sensación de gratuidad, además de provocar un cierto déjà vu.
Ya fuera por todas las expectativas que rodeaban a “Star Wars: El despertar de la fuerza”, o por no haber dispuesto de más tiempo para desarrollar mejor la historia, la narración avanza casi sin fisuras durante su primera mitad, sólo para perder el rumbo durante su segundo acto hasta llegar a un tercer acto bastante efectivo. Durante el primer tramo, la película se centra en caracterizar a todos los personajes, nuevos y viejos. Kasdan escribe diálogos que ayudan a avanzar la historia o presentan ideas que tendrán su peso más adelante en la narración, además de unas escenas de acción cargadas de adrenalina. Son aspectos que se ven potenciados tanto por una buena labor de Abrams detrás de las cámaras como por un casting perfectamente seleccionado.
Daisy Ridley enamora desde el primer minuto en que aparece en pantalla, Oscar Isaac rebosa carisma por todos lados, Adam Driver (Kylo Ren) hace creíble al personaje más complejo de la narración y John Boyega aporta inocencia y heroísmo a partes iguales. Han Solo regresa con toda su socarronería y con un Harrison Ford completamente entregado al personaje que lo catapultó al estrellato (junto a Indiana Jones). Su interpretación mezcla todo aquello ya conocido del personaje con otros elementos surgidos de lo vivido desde que los días de “El retorno del Jedi“.

El gran espectáculo cinematográfico
Abrams se reafirma como un cineasta con muy buen ojo para escoger a sus actores en “Star Wars: El despertar de la fuerza”. En esta ocasión sobresale también por su puesta en escena, más elaborada visualmente que en buena parte de su filmografía. El director de “Star Trek” (2009) lo da todo en la planificación de las escenas. Ofrece imágenes inolvidables, desde planos generales que presentan espacios importantes hasta detalles que se quedan grabados en la retina y primeros planos en los que deja que los actores hagan su trabajo.
Además, Abrams y su equipo consiguen lo imposible al crear un robot cuyo carisma rivaliza con el de los entrañables R2-D2 y C-3PO. Se trata de BB-8, una nueva incorporación con la que consiguen dar vida a un personaje mucho más expresivo de lo que cabría esperar.
El equilibrio entre efectos prácticos y otros realizados por ordenador consigue dar verosimilitud a las múltiples criaturas vistas en la pantalla, a los planetas y a todas las secuencias más dinámicas del relato. Todo ello se ve respaldado por el inmenso diseño de sonido de Ben Burtt, un montaje que no deja lugar al aburrimiento y, por supuesto, otro excelente trabajo de John Williams.
«A pesar de sus puntos menos fuertes, ‘Star Wars: El despertar de la fuerza’ se erige como un entretenimiento más que digno, con diversos valores propios. Dicho esto, la película se ve lastrada por la mencionada sensación de haber visto solamente una pieza de un puzle mucho mayor, cuyas incógnitas todavía están por resolver.»
El artista compone unas partituras más narrativas que temáticas en las que mezcla tonos dinámicos con otros más tétricos, trágicos o místicos. “Rey’s Theme“, uno de los nuevos grandes temas de la película, es una pieza tan distinta a lo escuchado en la franquicia como igualmente brillante. Parece estar diseñada para adquirir un mayor desarrollo dramático a medida que avanza la historia, de un modo parecido a lo que hizo Hans Zimmer en la trilogía de El Caballero Oscuro con “Eptesicus“, “Like a Dog Chasing Cars” y “A Dark Knight“.
Por lo demás, la banda sonora está llena de temas inolvidables, desde los característicos créditos iniciales hasta composiciones estridentes como “Scherzo for X-Wings“, otras ya más melódicas como “Farewell and the Trip“, misteriosas y evocativas en «The Jedi Steps«, algunas más emotivas como “Torn Apart” o “The Ways of the Force” y, finalmente, otras marcadas por la nostalgia: “Han and Leia“.

¿Una nueva esperanza?
“Esto empezará a mejorar las cosas“.
Esta es la primera línea de diálogo de “Star Wars: El despertar de la fuerza“. Fue toda una declaración de intenciones por parte de sus responsables. Décadas después, todavía se sigue debatiendo si esto es así o no y si la apuesta por un revisionismo total valió la pena de cara al relanzamiento de la saga. Independientemente del impacto de esta decisión en el resto de la trilogía, lo cierto es que esta propuesta devuelve una energía, una ilusión y un sano sentido de la aventura intrínseco a la franquicia.
Debido a todo ello, y a pesar de sus puntos menos fuertes, la propuesta de Abrams se erige como un entretenimiento más que digno, con diversos valores propios. Dicho esto, la película se ve lastrada por la mencionada sensación de haber visto solamente una pieza de un puzle mucho mayor, cuyas incógnitas todavía están por resolver. Es un concepto de serialización extendido como un virus (¿virus Marvel?) en muchas franquicias cinematográficas que, actualmente, no muestra signos de agotamiento.
