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Tomorrowland: El mundo del mañana (Brad Bird, 2015)

Tomorrowland: El mundo del mañana (Brad Bird, 2015)

Tomorrowland: El mundo del mañana imagen destacada
Imágenes vía The Walt Disney Pictures
Sumario

La nueva película de Brad Bird es tan irregular como brillante.

Buscando la «magia del cine»

Cuando creadores como Segundo de Chomón o Georges Méliès hicieron sus obras pioneras como “El hotel eléctrico” o “Viaje a la Luna” en los inicios del siglo XX, su única preocupación era poder asombrar al mundo con las posibilidades que ofrecía un medio naciente como era el cinematográfico. Ha pasado más de un siglo desde entonces y el cine ha evolucionado hasta un punto en el que se ha podido representar cualquier cosa con la consecuente reducción de la capacidad por sorprender. Aun así, de vez en cuando, aparecen películas que, independientemente de sus cualidades cinematográficas, están dotadas de una capacidad imaginativa que nos cautivan y atrapan en un mundo, un universo propio que solo tiene cabida en el terreno de los sueños. Nos hacen recordar un concepto hoy en día subvertido como es la llamada magia del cine.

Algunos de esos ejemplos bien podrían ser “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977), “Jurassic Park” (Steven Spielberg, 1993) y ahora, siguiendo la misma línea, nos llega “Tomorrowland” bajo la batuta de Brad Bird, director de tres joyas de la animación como son “El gigante de hierro” (1999), “Los increíbles” (2004) y “Ratatouille” (2007). Lo que Bird nos ofrece en su nueva obra es una historia que mezcla elementos del cine de ciencia ficción, del de fantasía y del de aventuras, agrupado en un tono más bien característico de la fábula infantil.

George Clooney es Frank Walker
George Clooney es Frank Walker

El país de las maravillas

Tomorrowland es un sitio destinado para todas aquellas personas de mentalidad científica que creen en la posibilidad de hacer del futuro un lugar mejor. Bajo esa premisa el director da rienda suelta a toda una gran capacidad creativa donde lo colorido, lo inverosímil y la imaginación se disparan para poder narrar una historia con moraleja que nos hace creer que lo más extraordinario puede existir incluso en los elementos más cotidianos.

Dicho esto cabe decir que Brad Bird toma un riesgo consciente. Realiza lo que es, en resumen, una película de animación con actores reales. De ello se desprende un estilo visual colorido que juega a favor de un diseño de producción de Scott Chambliss con un look retro reminiscente de la space age de los años 50 y 60 cuando la posibilidad de que el hombre llegara a la Luna se veía como el primer paso para un futuro, cuanto menos, interesante. Bird utiliza también varios recursos dramáticos propios del cine de animación que dan lugar a situaciones que en imagen real parecen raras.

Estas son unas decisiones cuestionables que gustaran más o menos según el grado en el que se entre en la historia. Con un entusiasmo más bien propio de un niño, Bird dirige “Tomorrowland” con la intención primordial de sorprender en todo momento, dejando de lado varios aspectos sobre la estructuración del guión para dar preferencia a la emoción y a un sentido de lo maravilloso que define toda la producción.

Imagen de Tomorrowland: El mundo del mañana
Imagen de Tomorrowland: El mundo del mañana

Un portento audiovisual

Además, «Tomorrowland» es, en sí mismo, un portento en casi todos sus aspectos formales. El apartado visual es majestuoso, pues tanto el realizador como el director de fotografía (Claudio Miranda) se ponen las pilas para darle a la imagen un empaque inmejorable. Decir que está filmada como los ángeles es una idea bastante aproximada de la pericia que demuestra Bird a la hora de planificar y coreografiar una puesta en escena brillante que produce más de un momento antológico y multitud de escenas simplemente brillantes, acompañadas de una fotografía viva y vibrante.

La partitura original de un Michael Giacchino (quien por cierto tiene un cameo en la película) en estado de gracia eleva la espectacularidad de las imágenes a un nivel más allá de lo sobrecogedor. Es un trabajo que bien puede recordar a John Williams. Finalmente, Walter Murch se encarga de hacer de las suyas en la sala de montaje para exprimir el material lo máximo posible.

Creatividad desatada

La técnica, por muy importante que sea, quedaría un tanto vacía si no la acompañara un buen guión. No es perfecto, pues por criticar se le pueden encontrar aspectos mejorables como un exceso de exposición, resoluciones cuestionables, poca sensación de causalidad o un final un tanto precipitado. Donde el libreto de «Tomorrowland» destaca es, de nuevo, en la capacidad imaginativa y creativa de Brad Bird y Damon Lindelof. Ambos consiguen sorprender continuamente hasta llegar al punto que resulta difícil anticiparse a como se desplegaran los acontecimientos.

Britt Robertson en Tomorrowland: El mundo del mañana
Britt Robertson en Tomorrowland: El mundo del mañana

Todavía más importante es el excelente trabajo realizado con el trio protagonista de la película. Cada uno de ellos esta bien presentado y desarrollado, y tienen rasgos característicos rompedores que salen de los esquemas habituales de la ficción. Ello da lugar a dinámicas interesantes y a una de las relaciones más originales y conmovedoras que ha dado el cine en mucho tiempo. Parte da la clave del éxito se debe además por un casting perfecto formado por Britt Robertson, George ClooneyRaffey CassidyPierce Gagnon, Hugh Laurie y Thomas Robinson. Todos ellos, y sin excepción.

A contracorriente

Tomorrowland” se podría considerar una paradoja del cine contemporáneo. Saturados de una cartelera que brilla por su falta de originalidad y su empache de remakes o adaptaciones, nos llega ahora una película que ofrece ideas frescas. Una obra con personajes que salen de los arquetipos hartamente vistos, y con una premisa que permite dar rienda suelta a la imaginación. Sin embargo, o puede que debido a esto, la película ha sido un fracaso tanto por parte de la crítica como del público. Es posible que simplemente no haya sabido cuajar entre los espectadores debido a sus complicadas intenciones: una fábula infantil dirigida a los adultos. Sin embargo, tiene un tono demasiado blanco para interesar a los mayores, una temática demasiado complicada para los pequeños y es demasiado ingenua para ser apreciada por los adolescentes.

Tomorrowland: El mundo del mañana, de Brad Bird
Tomorrowland: El mundo del mañana, de Brad Bird

Tan imperfecta como magistral

Tal vez otro gallo habría cantado si el director se hubiera decantado por realizar la película utilizando la animación en lugar de la imagen real, porque, como bien pasara con “Speed Racer” (Andy & Lana Wachowski, 2008), Bird utiliza aquí varios recursos más bien propios de la animación con el consecuente choque estilístico. Nunca sabremos que habría pasado. Sea como sea, “Tomorrowland” se trata de un film imprescindible. Es una película emocionante, emotiva, de gran corazón, con unos personajes complejos y entrañables. Es una historia sobre encontrar esperanza y humanidad en un yermo desolado, con un mensaje claro y real sobre nosotros mismos.

¿Imperfecta? Sin duda. ¿Magistral? Por partida doble.

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