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Película

Mi tío

Sinopsis

Satisfecho con el estilo de vida que tiene, Monsieur Hulot (Jacques Tati) se sorprenderá ante las excentricidades de la casa moderna de su hermana y disfrutará de la compañía de su sobrino Gerard Arpel (Alain Becourt).

Crítica

Crítica de Mi tío

Fotograma de Monsieur Hulot (Jacques Tati)

Con “Mi tío”, el director francés Jacques Tati realiza una película entrañable en gran parte gracias a su icónico personaje Monsieur Hulot, presentado en su anterior película: “Las vacaciones de Monsieur Hulot” (1953). La historia no tiene una línea argumental que la una, estando conformada por diversos gags hilvanados uno detrás del otro haciendo mofa de una clase alta excesivamente kitsch, en la que la alta tecnología y unos diseños pintorescos y estilizados juegan a favor de crear una crítica que pone en comparación ese submundo con el estilo más hogareño e íntimo del pueblo en el que vive Hulot. Hay un choque entre la frialdad y esnobismo de la vida moderna, donde la pretenciosidad es una arma que se supone aumenta la satisfacción personal de sus habitantes, con el carácter más humilde del barrio en el que habita nuestro protagonista. Lo único que tienen en común es al aire caricaturesco de los personajes que los habitan, hábilmente dibujados por Tati con la intención de exacerbar las características de unos y otros para provocar comedia. Es sin embargo en la relación entre Hulot y su sobrino donde se encuentra el corazón de la película. Totalmente desvinculado de sus padres burgueses, Gerard se encontrará más a gusto con su tío y el barrio en el que vive.

Crítica de Mi tío

Fotograma de Mi tío

A pesar de ser cine sonoro, Tati es un director eminentemente visual. Bebe de gigantes como Charles Chaplin o Buster Keaton para crear una comedia slapstick basada en gags visuales reforzados por simples pero efectivos efectos de sonido. Prefiere utilizar la imagen y la gestualidad para elaborar los gags y describir a los personajes ¿Los diálogos? Simples frases de relleno perfectamente prescindibles. Tati se resiste a utilizar primeros planos para alejar la cámara del protagonista, mostrándolo a él en el entorno en el que se encuentra, porque la intención del director no es la de crear un personaje desarrollado si no mostrar como interactúa y reacciona en el día a día con su contexto inmediato. Así, cuando visite a su hermana, reaccionará simplemente del mejor modo que pueda ante toda la parafernalia de su casa. En este aspecto resulta destacable el diseño artístico de Henri Schmitt, tanto del hogar como del vestuario, para personificar toda una sociedad francesa en pos de lo moderno tras los devastadores destrozos de la Segunda Guerra Mundial. Pero a pesar de ese gran diseño de producción vanguardista, es en la casa de Hulot y los límites del pueblo donde Tati se encuentra más a gusto. Allí, los gags funcionan mejor, ya sea por unos habitantes preocupados por sus quehaceres, o por un grupo de perros ocupados en sus asuntos perrunos. Juega mucho a la repetición para hacer reír al espectador, y estas repeticiones también resultan más satisfactorias en las inmediaciones del hogar de Hulot. Cabe mencionar que uno de los mejores momentos tiene lugar al principio de la película cuando nos presentan la casa del protagonista, escena potenciada además por la entrañable melodía compuesta por Alain Romans y Franck Barcellini que Tati repetirá cuando entremos o estemos en el pueblo francés.

Crítica de Mi tío

Fotograma de Mi tío

Mi tío” es una película con momentos brillantes y una gran sensibilidad. El cariño entre tío y sobrino es entrañable, no por ser el único acto humano en unos personajes vacíos, si no por los simples gestos de afecto que se demuestran. Además, los gags son un derroche de ingenio por parte de Tati. Es, sin embargo, su protagonista, Monsieur Hulot, lo que la hace realmente memorable: es un personaje inocente, nunca quiere hacer daño a nadie y intenta ayudar siempre a todo el mundo aunque a veces no sepa como hacerlo. Tiene por costumbre ser educado, aunque no le correspondan del mismo modo, e intenta parecer interesado incluso cuando no entiende lo que sucede a su alrededor. En muchas ocasiones parece un pez fuera del agua, cuyo propósito vital no es más que disfrutar de las pequeñas cosas que le ofrezca el día a día. La relación con su sobrino no hace más que subrayar todo eso en la intención del director de manifestar que las mejores cosas de esta vida están en los detalles más pequeños y no tanto en las complicadas tecnologías modernas que no hacen más que agravar la necesidad de las apariencias y alinearnos del contacto personal. A pesar de todo ello, al final Tati concede una conciliación entre lo viejo y lo nuevo a partir de, otra vez, un acto pequeño. Y así, terminamos la película con una gran sonrisa en la boca.

Valoración

9

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