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Men in Black: International (F. Gary Gray, 2019)

Men in Black: International (F. Gary Gray, 2019)

Men in Black: International
Imágenes vía Sony Pictures
Sumario

Decepcionante reboot que no aprovecha sus bazas principales.

Hollywood parece vivir hoy en día en una burbuja que amenaza en estallar cuando menos se lo espere. En una industria actual donde las grandes franquicias y el world building son la razón de ser de muchas películas -y también el único modo de sobrevivir sin ser consumido por Disney o caer ante las plataformas de streaming-, parece existir una mayor preocupación por llenar la película de detalles con los que conectar con otras entregas que en la “simple” realización de un largometraje.

Sin salirse de la línea

Men in Black: International”, bajo la batuta de F. Gary Gray, es fruto de esa filosofía de producción. Además, del mismo modo que ha sucedido con secuelas o reboots de otras franquicias, se rige bajo el mismo patrón de su estupendo primer título, “Men in Black” (Barry Sonnenfeld, 1997). Porque, si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?

Chris Hemsworth y Tessa Thompson
Chris Hemsworth y Tessa Thompson

Sin embargo, si el fruto del éxito de esa fue el conjunto de ideas formado por el choque de personalidad entre Will Smith y Tommy Lee Jones, el contraste entre el sentido de humor un tanto incorrecto y el tono apocalíptico y crepuscular, y la gracia de ver alienígenas de lo más pintorescos viviendo entre nosotros -amén de la sensacional banda sonora compuesta por Danny Elfman y la mítica canción de Will Smith-, ahora hay un encorsetamiento general del tono, convirtiendo “Men in Black: International” en un título blanco y navideño para toda la familia, con monadas diversas pensadas para los niños.

Es con estas que, tras un prólogo presentándonos a los agentes H (Chris Hemsworth) y T (Liam Neeson), porque recordemos que “los hombres de negro” abandonan su identidad real para adoptar nombres como esos, la acción se centra directamente en Molly Wright (Tessa Thompson). Se trata de un personaje obsesionado en conocer a los Hombres de Negro debido a una experiencia de su infancia. Una vez conseguido su objetivo, participará en una misión sumamente importante junto al agente H.

Liam Neeson en Men in Black: International
Liam Neeson en Men in Black: International

Reciclando el trabajo de otros

Es innegable que hoy en día Marvel Studios es el coloso que marca tendencia en cuanto a gustos del público. Y, tras haber trabajado en crear buenas dinámicas entre todos sus actores, ¿por qué no aprovecharlas en otras producciones? Del mismo modo que sucedió en la muy recomendable “Wind River” (Taylor Sheridan, 2017), donde veíamos una relación de mentor y aprendiz de Jeremy Renner hacia Elizabeth Olsen, repitiendo la dinámica vista en “Vengadores: La era de Ultrón” (Joss Whedon, 2015), en “Men in Black: International” se busca explotar la química entre Hemsworth y Thompson de “Thor: Ragnarok” (Taika Waititi, 2017).

Sin embargo, en lo que respecta al sentido del humor, Gray no es Waititi. A la película le faltan demasiadas cosas como para equiparar dicha relación a la del título del director neozelandés. Aunque Hemsworth demuestra sentirse cómodo en su recién encontrada vis cómica, todavía no puede aguantar una película en base a ello, y no ayuda la falta de chispa e ingenio de un guión carente de originalidad y sorpresa. Así, aunque F. Gary Gray demuestra ser solvente en las escenas de acción, como ya demostró en “The Italian Job” (2003) o “Fast & Furious 8” (2017), no termina de saber muy bien qué hacer con el material.

Imagen de Men in Black: International
Imagen de Men in Black: International

Falta de confianza en el material

Este es uno de los mayores problemas de toda la producción: la falta de un foco claro que exprima consecuentemente todas sus bazas. El sentido del humor es tan blando que no funciona. Esto afecta directamente al contraste de personalidad entre el dúo protagonista: Hemsworth de guaperas con más músculo que cerebro, y ella de chica nerd con más inteligencia que fuerza. En “Men in Black: International” hay rasgos picarescos, pero la película es demasiado correcta como zambullirse en ellos; en lugar de trabajar y generar interés hacia el misterio principal, se expande la acción por todo el mundo para rellenar unas dos horas que se sienten estiradas, cayendo en el error de hacer funcionar la película más por acumulación de escenas que por un desarrollo real de la historia.

A parte, pese a dedicar una parte del metraje a presentar a sus personajes principales, sus rasgos cambian en base a las necesidades de la historia. En el caso de Thompson, una chica nerd en busca de sucesos paranormales, pronto pasa a convertirse en su heroína homóloga del universo de Marvel. Por lo que respecta al agente H, llegados a los créditos finales se queda en un personaje poco definido tras todos los detalles personales no resueltos presentados a lo largo de la narración. ¿Preferirán dejarlo para secuelas/precuelas? De ser así, otro punto negativo para “Men in Black: International”.

Suerte de la presencia de secundarios como Neeson, Rebecca Ferguson, Emma Thompson o Rafe Spall, con unos personajes simples y caricaturizados, pero perfectamente funcionales en su propósito para la historia; y, sobretodo, una actriz principal que, a pesar de lo comentado, da rienda suelta a su gran carisma y saca máximo provecho a un personaje desdibujado.

Los agentes M y H
Los agentes M y H

La próxima será mejor

Dicho todo esto, la producción tiene alguna que otra virtud. Los diseños de los bichejos siguen siendo tan vistosos como siempre, especialmente los de los villanos de la función, quienes parecen sacados directamente de una película de terror. Al tener un tono más aventurero en sus viajes por todo el mundo, con el consecuente cambio de escenario, la historia se hace más llevadera a pesar de su estirada duración.

Por todo lo demás, “Men in Black: International” es un experimento un tanto fallido de revivir una franquicia de un pasado que se antoja mejor. Por intentarlo, que no quede, faltaría más. Sin embargo, es importante recordar qué es lo que hizo funcionar en su día a la original, y ser más coherentes con sus intenciones en lugar de intentar forzar patrones que simplemente no encajan.

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