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El último duelo (Ridley Scott, 2021) | Crítica

El último duelo (Ridley Scott, 2021) | Crítica

El último duelo imagen destacada
El último duelo, de Ridley Scott
Sumario

Honor, verdad e idealización en pleno medievo.

De vuelta al cine histórico

Ridley Scott es uno de esos pocos directores de la vieja escuela que, como Martin Scorsese, Clint Eastwood o Steven Spielberg, puede seguir realizando películas de interés personal y  de toda diversidad de géneros, sin detenerse ante las tendencias modernas. Tal como está el cine americano hoy en día, bien se puede considerar todo un privilegio. Tras pasar con, quizás, más pena que gloria por la ciencia ficción -“Alien Covenant” (2017)- o el thriller -“Todo el dinero del mundo” (2017)-, el director de “Gladiator” (2000) y “El reino de lo cielos” (2005) carga ahora con la que bien puede ser una de sus mejores películas realizadas hasta la fecha: “El último duelo”.

En ella se nos narran unos acontecimientos reales que tuvieron lugar en la Francia del siglo XIV. Marguerite de Carrouges (Judie Comer) denuncia ante su marido Jean de Carrouges (Matt Damon), y la propia corte del Rey Carlos VI (Alex Lawther), que fue violada por Jacques Le Gris (Adam Driver), amigo y compañero de batalla de Jean. Dicha denuncia pone patas arriba el feudo masculino que todo lo regía por aquél entonces, considerándose una denuncia de ese estilo como un hecho totalmente inaudito.

Imagen de Jodie Comer
Jodie Comer es Marguerite en El último duelo

Las tres caras de la verdad

A partir de esta premisa, Scott, junto a los guionistas Matt Damon, Ben Affleck (volviendo a trabajar junto después de la notable “El indomable Will Hunting”) y Nicole Holofcener, construye toda la narración a partir de los puntos de vista particulares de sus tres personajes, en orden: el de Jean, el de Jacques y, por último, el de Marguerite. Se trata de una estructura narrativa claramente influenciada por “Rashomon” (Akira Kurosawa, 1950). Aunque más por armazón narrativo, e incluso por algo de temática, que por intención final, pues si bien la finalidad de Kurosawa era mostrar como todo el mundo es capaz de mentir, incluso desde el más allá; Scott y su equipo parecen más interesados en hacer un retrato histórico sobre algunas mentalidades y roles existentes en la época remota del medievo.

Así, los tres puntos de vista narran esencialmente lo mismo, salvo que el punto de vista individual y único desdibuja los hechos y las situaciones, no por malicia o por querer dar la vuelta a cualquier hecho que acontezca, sino por la percepción individual de cada uno. Se trata de un juego narrativo harto interesante que sirve para perfilar la personalidad de cada personaje y que, como también sucediera en la más reciente “Star Wars: Los últimos jedi” (Rian Johnson, 2019), termina desvelando algo crucial: el concepto de “verdad”, o al menos lo que se entiende y siente de ella, cambia según quien escribe la historia.

Imagen de Matt Damon
Imagen de Matt Damon en El último duelo

Una falsa idealización

Es quizás por esto que resulta dudable la intención de los narradores de “El último duelo” de cuadrar el último relato, el de ella, como “La Verdad”, sin más, además de chocar la modernidad de su relato en contraste con la recreación bruta de los perfiles sociales que denotan los otros dos. Puede verse allí una lectura encajada en los movimientos sociales modernos que tan de boga están, sobretodo, en el cine proveniente de Hollywood. O, por otra parte, también puede ser una decisión tomada bajo esa vieja idea de que cada uno es el héroe de su propia historia. En “El último duelo” parece permear más un sentido de la idealización que de la verdad. Con todas las luces y sombras que eso conlleva.

Será mejor que cada espectador interprete la película como quiera. En todo caso, el tiempo la pondrá en su lugar, y quien sabe si más adelante el propio Scott decide lanzar un montaje diferente, como ya nos tiene acostumbrados. Sea como sea, lo que tenemos en nuestras manos es un buen estudio de los perfiles de la época medieval, con interés y un buen pulso narrativo.

Imagen de Adam Driver
Jacques Le Gris (Adam Driver) en El último duelo

Algo más que un junta planos

Un buen guion de base es importante para tener una buena película. Pero todavía lo es más tener a un director con buena visión para llevarlo a buen puerto. Ridley Scott es un director que a lo largo de su filmografía ha sido capaz de dirigir proyectos de todo tipo, indiferentemente del target, género, o calidad del libreto. Si bien eso muestra el amplio registro que es capaz de alcanzar, porque a estas alturas ya no le es necesario demostrar a nadie su solvencia detrás de las cámaras, también ha dejado traslucir una mayor preocupación por la técnica que por la historia. En “El último duelo” ambos conceptos se dan de la mano en completa armonía, traduciéndose en uno de los mejores trabajos del director.

Scott se decanta por una realización solemne y clasicista, delegando el sentido del ritmo a la acción interna de los planos en toda la película, salvo en el potente duelo final donde cambia por completo de estilo con una planificación más frenética, con cámara en mano, para subrayar la brutalidad del momento. El acabado visual es apabullante en todos los casos. Cabe destacar aquí también el excelente trabajo de fotografía de Dariusz Wolski. Para los exteriores se ha optado por rodar en localizaciones reales -en su mayoría-, regalándonos unos bellísimos planos generales con castillo de fondo, así como otros donde se nos presenta con mayor detalle sus interiores y zonas cercanas.

« ‘El último duelo’ derrocha amor por el cine más clásico, como el que se hacía en las décadas previas al boom del blockbuster. Si esto no es motivo suficiente para verla, además se trata de una gran película por méritos propios.»

Los interiores no se quedan atrás. Logran capturar unos pabellones y habitáculos mayoritariamente oscuros, iluminados únicamente por velas. Atentos, además, a su uso en todas las escenas donde aparece Marguerite. La película es un caramelo para los ojos. Es en todos los detalles mencionados donde se agradece la decisión de una realización más estática y, en todo caso, se le podría pedir haber alargado algo más algunos planos para deleitarnos con sus imágenes.

Imagen de Ben Affleck
Ben Affleck, Adam Driver y Matt Damon

Los actores de El último duelo

A todo ello le sumamos unas grandes interpretaciones de su elenco. Judie Comer como centro dramático de la función o un Ben Affleck que abraza sin pudor el libertinaje de su personaje, creando así uno de sus mejores papeles. Por otra parte, si bien Matt Damon está bien dentro de sus limitaciones como actor, Adam Driver vuelve a demostrar su rango ¿infinito? de emociones y rasgos a la hora de ponerse en un papel.

Quizás ya podemos hablar de él como un auténtico monstruo de la interpretación. Tan dotado como Marlon Brando o Daniel Day Lewis. Ni tan solo por todo lo que es capaz de expresar en distintos puntos de ésta película, si no también por lo diferente que se siente en comparación con otros papeles suyos como “Paterson” (Jim Jarmusch, 2016) o la más reciente “Annette” (Leos Carax, 2021).

Imagen de El último duelo
Imagen de El último duelo

Amor por al cine más clásico

En resumen, estamos ante una de las mejores películas de este 2021, y de lo más destacable que ha dirigido Ridley Scott en mucho tiempo. “El último duelo” se trata de un relato enmarcado en una época remota que, sin embargo, habla de algo atemporal. Todo el equipo técnico da lo mejor de si mismo, destacando también la composición de Harry Gregson-Williams, a pesar de la contradicción a la hora de escoger tonalidades célticas para una historia que tiene lugar en Francia. La película derrocha amor por el cine más clásico, como el que se hacía en las décadas previas al boom del blockbuster, y si esto no fuera motivo suficiente para verla, además se trata de una gran película por méritos propios. Imprescindible.

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