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The Gangster The Cop The Devil (Lee Won-Tae, 2019)

The Gangster The Cop The Devil (Lee Won-Tae, 2019)

The Gangster, the Cop, the Devil imagen destacada
The Gangster, the Cop, the Devil, de Lee Won-Tae
Sumario

Notable thriller coreano con un carismático trío de protagonistas.

Una tradición de thrillers

El thriller coreano lleva un tiempo que lo peta. Tal cual. Es posible que el pistoletazo de salida fuera en 2003 con el estreno de esas dos obras maestras que son “Old Boy” (Park Chan-Wook) y “Memories of Murder” (Bong Joon-ho). Esta última, al igual que otros títulos que seguirían como “The Chaser” (Na Hong-jin, 2008), “Encontré al diablo” (Kim Jee-woon, 2010) o la más reciente “El extraño” (Na Hong-jin, 2016); compartirían un elemento en común: la ineptitud de la policía local para parar los pies a sus delincuentes. Ni tan solo teniendo las pistas delante suyo serían capaces de encontrarlas. Aunque estos son tan solo algunos de los títulos más populares, lo que parece claro es que tienen una buena tradición a la hora de crear thrillers. “The Gangster, The Cop, The Devil” sigue una línea parecida.

Escrita y dirigida por Lee Won-Tae a partir de unos sucesos reales, en este caso ni tan solo hay una pretensión de jugar en la misma liga que muchas de las anteriores. Se trata de un título que busca más el pulp de serie B que la sofisticación que lograron los films de Chan-Wook o Joon-ho. Como mucho estaría más cercana al gamberrismo inherente de la premisa de “Encontré al diablo”. Con esto por delante, la película funciona como un tiro.

Kim Mu-yeol en The Gangster, the Cop, the Devil
Kim Mu-yeol en The Gangster, the Cop, the Devil

The Gangster, the Cop, the Devil o el trío de oro

Es curioso ver como con “The Gangster, The Cop, The Devil” es la segunda vez (si no nos equivocamos) que el cine coreano homenajea esa obra maestra que es “El bueno, el feo y el malo” (Sergio Leone, 1966) tras la también estupenda “El bueno, el malo y el raro” (Kim Jee-woon, 2008). Así, igual que en la película del director italiano, Won-Tae abre la película con tres escenas enteras dedicadas a la presentación de sus tres personajes titulares. Por una parte tenemos a Jung Tae-suk (Kim Mu-yeol), un policía local de Seúl aparentemente incorruptible empeñado en derrocar a un peligroso capo mafioso.

Se trata de Jang Dong-soo (Ma Dong-seok), una suerte de Wilson ‘Kingpin’ Fisk coreano; cuyo retorcido poder le permite tener controlado cada antro de su ciudad con tal de no perder soberanía sobre su territorio; además de poder librarse siempre de la cárcel. Por último, tenemos al “diablo” del título, un asesino que tiene aterrorizada a la ciudad. Conocido simplemente como K (Kim Sungkyu), la película presenta su siniestro serial killer en una escena en la que se nos muestra su sádico modus operandi. El camino de este trío se cruzará durante la película. En modos orgánicos por parte del policía, y por otros que no desvelaremos aquí para el gangster.

The Gangster, the Cop, the Devil, de Lee Won-Tae
The Gangster, the Cop, the Devil, de Lee Won-Tae

El enemigo de mi enemigo es mi amigo

Bajo esta premisa, Won-Tae desarrolla una típica historia del juego del gato y el ratón un tanto previsible en su desarrollo, pero tremendamente eficaz y no carente de buenos golpes de efecto. Algo parecido se puede aplicar a las interacciones entre el dúo protagonista formado por Tae-suk y Dong-soo; quienes tanto ellos como los grupos que representan deberán de dejar atrás sus rencores y rencillas previas para poder poner freno al reino de terror creado por ese loco espectral que acecha sin pudor por las calles de la ciudad coreana. Con ello se juega a la disparidad de personalidades entre ambos grupos. Se entra de un modo superficial en los lugares comunes de que ambos no son tan diferentes como parecen, que los gangsters pueden tener cualidades muy humanas; mientras que los policías pueden tener por su parte otras igualmente deleznables.

The Gangster, The Cop, The Devil” no inventa nada nuevo, ni lo pretende. Se contenta en ser un simple entretenimiento, con todas sus piezas en el sitio correcto para que los engranajes giren sin trompicones. Lejos de ser motivo de dejar de lado esta propuesta, el director surcoreano aprovecha esta simplicidad para crear una película de lo más entretenida y efectiva. Entre sus mayores virtudes caben la creación de un tono sobrio y contenido que da lugar para que la acción, la tensión y el drama cohabiten con un sentido del humor tan propio del cine coreano.

Ma Dong-seok es Jang Dong-soo
Ma Dong-seok es Jang Dong-soo

Una fuerza de la naturaleza

Se sirve además de una puesta en escena clara y concisa, sin florituras; presentando cada idea perfectamente para que siempre sepamos que sucede en la pantalla. El director nos regala escenas muy contundentes, tanto en la salvajidad de K como alguna set piece de acción que nada tiene que envidiar a las grandes producciones americanas. Por encima de esto, destaca la gran elección para cada uno de sus personajes principales. En este aspecto, resulta complicado no resaltar la presencia de ese gigante que es Ma Dong-seok.

Como en la reciente “Unstoppable” (Kim Min-Ho, 2018), “The Gangster, The Cop, The Devil” sirve bastante como vehículo de lucimiento para su estrella. Pero no se olvida por ello del resto de personajes. El actor de “Tren a Busan” (Yeon Sang-ho, 2016) desborda carisma por todos sus poros. Es una mezcla entre su fisicidad de armario imponente, un auténtico tanque de fuerza imparable; con además unos rasgos entrañables de gigante bonachón y algunos apuntes de guión que lo caracterizan muy bien.

Sin ir más lejos, su escena de presentación al principio de la película es, sin lugar a dudas, uno de los momentos más memorables de toda la producción. Del mismo modo, su última aparición en pantalla también se te queda grabada en la retina. Por su parte, Mu-yeol funciona igual de bien. Sobretodo por compartir tanto tiempo en pantalla con Dong-seok y crear una dinámica interesante entre ambos que levantan sus personajes por encima de los arquetipos.

Kim Sungkyu es K
Kim Sungkyu es K

Michael Mann

La película arranca con imágenes panorámicas de la ciudad, y, corte a corte, va entrando poco a poco a calles más definidas. Así, el director te presenta lo que viene a ser el territorio de caza para el asesino, el territorio a proteger del policía y el espacio a dominar por parte del gangster. Te introduce en un thriller urbano con todas las de la ley, y no esconde sus influencias al cine de Michael Mann. Éstas se expanden aquí también en la representación sobre cómo, en cierto modo, los criminales parecen tener más a perder ejerciendo sus actos que los policías; pues para los primeros el crimen es su razón de existir, mientras que para los otros sus tareas son un simple trabajo.

Won-Tae lo entiende y lo aplica aquí, separando las partes personales de las “profesionales” de cada uno; pero sin llegar a la profundidad de Vincent Hanna y Neil McCauley en “Heat” (Michael Mann, 1995). Ambos mantienen un divertido tira y afloja a lo largo de la narración, compitiendo entre ellos para ver quien consigue atrapar primero al villano para cumplir sus propios fines. Es una relación de amienemistad tan funcional como efectiva.

Imagen de The Gangster, the Cop, the Devil
Imagen de The Gangster, the Cop, the Devil

Sitges y el cine coreano

El eslabón débil es K. Aunque Sungkyu es todo un acierto en el papel, tiene poca presencia en pantalla. En lo poco que sale tampoco tiene material para aprovechar su potencial o crear algún diálogo o escena memorable más allá del baño de sangre. Le falta algo más de poso que su simple fisicidad para sacarlo del terreno cartoonesco donde se queda. Sale la duda de si no hubiera sido más conveniente, en defecto de haberle dado más material, haber reducido su papel todavía más. Tal como está, se queda en tierra de nadie.

El Festival de Sitges lleva muchos años destacando y popularizando títulos coreanos en nuestras tierras. Al menos nosotros hemos podido descubrir muchos títulos de lo más destacables. Y “The Gangster, The Cop, The Devil” es uno de ellos. Con todo, se trata de un thriller de lo más entretenido. Puede que su mayor virtud sea la práctica falta de pretensiones de querer haber querido hilvanar un relato de mayor profundización dramática, porque por lo demás pocas cosas se le pueden achacar. Muy recomendable.

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