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Película

El niño y la bestia

Sinopsis

Ren es un niño de 9 años que huye de su hogar tras la muerte de su madre, dejándolo en adopción al no tener noticias de su padre. Tras merodear por las calles, termina entrando en una dimensión poblada por animales humanoides.

Crítica

Crítica El niño y la bestia

Fotograma de Ren

El odio y el resentimiento son sentimiento que, en menor o mayor medida, todo ser humano lleva en su interior. Es un aspecto que solo el tiempo y la madurez consiguen superar o sobrellevar. Cuando Ren queda huérfano por el fallecimiento de su madre y la falta de noticias sobre su padre, decide huir y vivir por su cuenta lleno de odio hacia la humanidad y de un devastador sentimiento de soledad. Es solo la casualidad, o el destino, que se topa con una pareja de personajes encapuchados que sorprendentemente esconden rostros animales. Sin saber algo mejor que hacer, decide seguirlos, entrando de este modo en Jutengai, el reino de las bestias. Una vez allí, coincide con un momento en el que Soshi, el amo del reino, quiere jubilarse con la intención de reencarnarse en un Dios, y son dos los candidatos a erigirse como su sucesor: Iôzen, el candidato popular, modélico y con varios aprendices; y Kumatetsu, un oso tan poderoso como vago e irresponsable, cuya falta de aprendices o sucesores lo alejan del puesto. Ren termina viviendo en casa de éste último, convirtiéndose así en su aprendiz y tejiendo una amistad con la que ambos aprenderán a mejorar como individuo.

El niño y la bestia” es la nueva película de Mamoru Hosoda, responsable de otros films de animación como “La chica que saltaba a través del tiempo” (2006), “Summer Wars” (2009) o “Wolf Children (Los niños lobo)” (2012). Aunque gran parte de la narración utiliza recursos o clichés ya vistos sobretodo en el cine de animación japonés, ya sea en modo de personajes, discursos o contrastes de caracteres, la película se preocupa de desarrollar unas temáticas importantes como el valor de la amistad, la familia, el aprendizaje, los peligros de la soledad y la incomprensión, y como un poco de calidez humana puede sacar lo mejor de uno mismo. El punto de conexión entre Ren y Kumatetsu no es más que el entendimiento del primero de que su nuevo amigo es un ser tan solitario como él, idea dónde radica el tema de mayor interés de la narración: en lugar de mostrar una relación en la que el maestro, aunque inmaduro, poco más le queda por aprender en la vida, aquí se nos muestra uno con tanto recorrido emocional por hacer que su propio discípulo. Está más versado en las artes marciales que su futuro pupilo, pero su inmadurez bien puede rivalizar con la de Ren a pesar de la supuesta diferencia de edad.

Crítica El niño y la bestia

Fotograma de Kumatetsu

Aunque Hosoda logra transmitir el desarrollo de esas ideas en unas secuencias elaboradas, en muchas ocasiones abusa de la exposición para hacernos saber el punto anímico en el que se encuentran los personajes en los diferentes momentos de la historia. Esto conlleva otro problema manifiesto del guión: dichos momentos expositivos vienen de la mano de unos personajes secundarios que no parecen tener mayor motivación en sus vidas ficticias que ver y comentar como va evolucionando la relación entre los dos personajes principales de la película. Esa falta de definición de los personajes se puede expandir a todo el resto de secundarios que pueblan el relato, quienes se limitan a cumplir la función específica que les pide la historia sin conocer sus motivaciones. En todo caso parecen cumplir una función pura de contraste con lo que Ren y Kumatetsu podrían llegar a convertirse.

Además, si por una parte podemos entender el conflicto interno de Ren y qué lo empuja a irse de su hogar, no se puede decir lo mismo de Kumatetsu. El mejor modo de definirlo sería como un adolescente en un cuerpo de adulto que se pasa los días enfadado, sin hacer nada y con un orgullo que no le hace ningún bien. Considerando todo esto, no terminamos de entender porque quiere ser el nuevo Lord de Jutengai, por mucho que sepamos que se trata del mejor candidato de todo el reino tras Iôzen. Más allá de su necesidad, consciente o inconsciente, de que la gente se dé cuenta de su potencial y de que le aprecien, no hay ninguna otra posible motivación por su parte para querer adquirir el título. Es un aspecto un poco gratuito que también se puede aplicar a algunas decisiones tomadas para desarrollar el clímax final, aunque en este caso se le pueda dar un pase gracias al resultado final a nivel visual. La animación de la película apuesta por el dinamismo y unos movimientos hiperactivos.

Crítica El niño y la bestia

Fotograma de Iozen

Utiliza colores cálidos, líneas nerviosas y expresiones suaves que marcan un estilo muy característico del director, visto en las películas mencionadas anteriormente. Todo el diseño artístico de la película ofrece una gran creatividad a la hora de crear los múltiples personajes que pueblan las calles del mundo animal.

El niño y la bestia” es en definitiva una notable producción animada con quizás demasiadas intenciones. Puede que se hubiera beneficiado de haber centrado la narración más en la dinámica entre Ren y Kumatetsu, y los lazos familiares / de amistad. Con todo, la película combina una buena animación, situaciones creativas, protagonistas entrañables y una historia que en el fondo se mueve al son de sus emociones. Recomendable.

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Valoración

7

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