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Película

Westworld almas de metal

Sinopsis

Westworld es un parque temático en el que sus visitantes pueden recrear la vida tal como era en un pueblo del lejano oeste del año 1880, habitado por robots programados con las costumbres de aquella época.

Crítica

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Peter Martin (Richard Benjamin) y John Blane (James Brolin)

Michael Crichton escribe y dirige esta propuesta original de ciencia ficción basada, de un modo parecido a su novela “Jurassic Park” (1990), en la idea de que la humanidad ha construido un gran resort llamado Delos en el que se han recreado tres parques temáticos basados en distintas etapas históricas: la del lejano oeste (Westworld), la edad medieval (Medieval World) y la antigua Roma (Roman World). La acción sigue a John Blane (James Brolin) y Peter Martin (Richard Benjamin), dos amigos que deciden pasar unos días en Westworld, donde vivirán diferentes aventuras relacionándose con los robots programados para actuar como si estuvieran en pleno siglo XIX, y se enfrentaran a la insistente amenaza de un pistolero interpretado por Yul Brynner.

Si hay algo en lo que destaca esta producción es la capacidad imaginativa de Crichton a la hora de presentar y desarrollar una premisa con tesis que solo tiene cabida en los márgenes de la ciencia ficción, un género hoy en día tristemente desvirtuado. De un modo parecido a la reciente “Ex Machina” (Alex Garland, 2015), “Westworld, almas de metal” juega con la idea de la vanidad del ser humano, ese sentimiento que nos empuja a querer sentirnos como dioses, menospreciando todas las formas de vida que vemos como inferiores. En este caso se trata de los robots que pueblan el parque.

Programados para ser explotados por sus creadores, nos los presentan como seres sometidos a los anhelos violentos y sexuales de la especie humana, quienes, sabiendo que los robots siempre caerán a sus pies, no dudan en sacar su propia egolatría con la que adquieren una falsa sensación de superioridad. Esa mentira les costará cara cuando los robots empiecen a rebelarse contra sus creadores.

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Fotograma de Westworld, almas de metal

Hay una cierta ironía en la existencia de dichos parques. La humanidad ha decidido construir unos parques anclados en un pasado idealizado y aparentemente más tranquilo para poder huir de un presente moderno que no les satisface, pero una vez allí los visitantes se dejan llevar por sus pulsiones más primitivas, acosando a unos robots indefensos, asesinándolos o aprovechándose sexualmente. Es con esto que entramos en el núcleo dramático de la película, presentándonos a Peter como un abogado blandengue y poco exitoso.

Es un personaje que en un lejano oeste real no hubiera sobrevivido mucho tiempo, y así lo intuye el robot interpretado por Brynner, némesis del protagonista pues imbuye todo lo que este no es. Lo que en un principio es una enemistad inofensiva, se convierte en un juego mortal en el que el pistolero, vestido con un atuendo negro y con una imperturbable mirada asesina, perseguirá insaciablemente a Peter hasta acabar con él.

Resulta terrorífico presenciar como un robot con facultades superiores a las de los humanos, y que no conoce cosas como los sentimientos o el razonamiento, está empeñado con una absoluta certeza que simplemente tiene que matar a Peter. Brynner es probablemente el mayor atractivo de la película, con una presencia amenazadora y llena de a carisma que lo convierten en un personaje de gran magnetismo, y que se podría considerar un antecesor directo de lo que James Cameron y Arnold Schwarzenegger populizarían en “Terminator” (1984).

Crichton dirige “Westworld, almas de metal” con bastante solvencia. Utiliza varias panorámicas que muestran la vastedad de las instalaciones de Delos y las aprovecha también para enseñarnos cómo funciona el parque por dentro con numerosos ordenadores supervisados por sus respectivos técnicos durante todo el día.

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Fotograma del pistolero (Yul Brynner)

Por otra parte, subraya las escenas violentas con unas cámaras lentas tan artificiosas como todo lo que transcurre en el parque, y cuando la historia da el giro hacia lo terrorífico rueda la acción con una frialdad sin miramientos, utilizando además recursos del cine de terror como planos subjetivos para aumentar la sensación de agobio. La función de Crichton detrás de las cámaras es muy funcional a pesar de utilizar bien ciertos recursos narrativos, y resulta mucho más interesante su trabajo en el guión, lógico, en realidad, considerando que él es escritor por encima de todo. La película bien se podría haber beneficiado de un mayor metraje para poder ahondar más en el mundo creado por Crichton, y también se podrían haber perfilado más las personalidades de ambos protagonistas, pues nos presentan unas diferencias notorias entre ellos que se podrían haber potenciado más con el contexto presentado.

Westworld, almas de metal” se podría considerar una propuesta coherente con el cine de ciencia ficción que se hacía en la década de los 70, y es que si hay algo que sobresale de las producciones de esa época sería la intención de poner una idea por encima de estilismos visuales, y en este caso nos encontramos con una historia con una crítica muy dura hacia la humanidad, pues nos presenta como seres inmorales, primitivos y, mucho peor, patéticos. La clave esta en mirar hacia adelante, nunca hacia atrás, y ninguna simulación realista podrá conseguir los mismos resultados que un desafío real. Muy recomendable.

Valoración

8

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