
El origen de un proyecto
La autoría en el cine se ha asociado habitualmente a la figura del director. Al fin y al cabo, es el responsable de mover los hilos de todos los departamentos para encarrilarlos hacia un mismo objetivo. Alfred Hitchcock, Tim Burton, John Ford, Yasujiro Ozu… Son algunos nombres con filmografías muy personales. Incluso en la era dorada del cine clásico, cuando los productores pretendían apropiarse de la autoría de las películas, el tiempo ha terminado por situar a los directores como los grandes artífices de las obras. Hay casos, sin embargo, donde la autoría se reconoce por otros departamentos. En el caso de “La entrega”, del director Michael R. Roskam, se trataría de una película muy de su guionista: Dennis Lehane. Escritor y guionista de múltiples obras enmarcadas en el género policíaco / criminal.
Dennis Lehane es un escritor y guionista estadounidense que ha puesto tinta y pluma para innumerables películas centradas en el género del thriller o policíaco. Ahí estarían por ejemplo “Mystic River” (Clint Eastwood, 2003) o “Adiós pequeña, adiós” (Ben Affleck, 2007). Ambas películas adaptan una novela de Lehane. En el caso que nos ocupa, Lehane se responsabiliza de trasladar un relato suyo a la gran pantalla, alargando la historia corta para llenar los 106 minutos de metraje.
La historia de “La entrega” gira alrededor de Bob Saginowski (Tom Hardy), un solitario camarero encargado de gestionar el bar junto a Marvin Stipler (James Gandolfini). Paralelamente a ello, el bar sirve como alijo para recibir y entregar paquetes de droga. Su rutina cambiará cuando unos ladrones entran a robar, llevándose un dinero que pertenece al dueño del local: un peligroso criminal checheno.

El universo de Dennis Lehane
¿Qué tienen en común las películas basadas en relatos de Lehane antes mencionadas? Más allá del género, comparten algunos lugares comunes: el retrato de un pequeño microcosmos social, personajes rotos y de poca monta; y una gran ambigüedad en el concepto del bien o la búsqueda de la justicia.
El guión de “La entrega” es bastante redondo. Quizás no tanto por qué cuenta, si no por como lo hace. Lehane juega con el misterio, una tensión in crescendo desde las primeras escenas, y un despliegue de información dramática a cuentagotas, lleno de matices importantes que seguro resulta recompensante en un segundo visionado, cuando ya sabes hacia donde desemboca todo el conflicto entre los personajes. Se trata de un recurso narrativo que no busca el impacto inmediato, sino la construcción paciente que encuentra su recompensa en los detalles y en el revisionado.
«‘La entrega’ es una propuesta fácilmente catalogable como un título hecho por artesanos solventes en su trabajo que destaca, no tanto por su originalidad, sino por la eficacia de su conjunto.»
Si sus diálogos son pura literatura, su descripción de personajes no se queda atrás. Cada uno de ellos está definido por breves pero contundentes brochazos que servirán para llevar a cada uno hasta su desenlace. Todos los actores están en su salsa, desde Gandolfini, hasta secundarios como Noomi Rapace o Matthias Schoenaerts. Sin embargo, resta decir que es Tom Hardy quien sobresale muy por encima de todos ellos.
El actor de “El caballero oscuro: La leyenda renace” (Christopher Nolan, 2012) sale airoso de ponerse en la piel de un personaje nada fácil de interpretar. En un trabajo inmenso tanto de guión como de interpretación, Hardy llena al personaje de matices para expresar lo que el texto no debería de explicitar. Es en la mezcla de la fragilidad y ambigüedad de su mirada, y la actitud de su imponente físico que se crea una contradicción de la que todo el equipo responsable sabe sacar provecho.

Sangre, suciedad y sombras en las calles
Desde los títulos antes mencionados hasta los dramas urbanos de James Gray, todos ellos se apoyan en una puesta en escena donde el entorno resulta fundamental. Hay un énfasis claro en el diseño de producción y en cómo se iluminan las escenas. A lo largo de la narración la película muestra bares, callejones o interiores que conforman un microcosmos donde la suciedad y las sombras no son solamente físicas, sino también morales.
En este aspecto, quizás no destaca tanto el trabajo de realización de Roskam. Cumple su cometido con solvencia y oficio, pero pasa desapercibido al dejar que sean el resto de los departamentos los que den integridad a la propuesta. Como sería el caso de la fotografía de Nicolas Karakatsanis. La imagen está formada generalmente por luces tenues, sombras y tonos apagados. Dentro de los tonos apagados, los escasos puntos de color sirven para resaltar los estados emocionales de los personajes, más que para romper la monotonía de la imagen. Una estética que no embellece el entorno, sino que lo muestra como reflejo del desgaste emocional de sus personajes.
En el cine, el sonido es tan importante como la imagen. En su caso, cabe mencionar el trabajo atmosférico creado por la banda sonora de Marco Beltrami. Su estilo se ha caracterizado más por acompañar las imágenes que por conducir al espectador hacia algún tipo de éxtasis emocional. En trabajos suyos anteriores como la franquicia Scream, o “El tren de las 3:10” (James Mangold, 2007) ya se intuía ese rasgo autoral. En “La entrega”, el músico se sirve de notas contenidas, alargadas y llenas de tensión para acompañar el desarrollo del drama y de los personajes. No pretende subrayar la acción, sino reforzar el peso dramático de las escenas.

Redondeando una propuesta
Todo lo expuesto hasta ahora sirve como contexto para revelar el drama real del relato. Los personajes de la película viven en una burbuja que condiciona las decisiones que toman. Una burbuja que también distorsiona cualquier noción de moralidad. El correcto y lo incorrecto forman parte del mismo juego, y el propio contexto social o familiar puede condicionar lo que cada uno pueda aceptar para sí mismo.
“La entrega” es, en definitiva, una película de Dennis Lehane por encima de todo. El autor se rodea de buenos profesionales de la industria para trasladar al cine toda la aspereza, suciedad y desdicha que se puede encontrar en sus textos.
Se trata de una propuesta fácilmente catalogable como un título hecho por artesanos lo suficientemente conocedores del material que tienen entre manos, y solventes en su trabajo como para entregar un proyecto que destaca, no tanto por su originalidad, sino por la eficacia de su conjunto.
