
Cine familiar para todos
El cine infantil a veces puede ser más maduro que el cine propiamente para adultos. No se trata tanto de tener un contenido no apto para menores, o de tener narrativas que giran alrededor de cuestiones importantes. Quizás, el punto realmente diferenciador es cómo se gestionan esos temas. Cómo se desarrollan. Cómo lo viven los personajes que atraviesan esas situaciones. Se trata de una mezcla de moraleja, sensibilidad y seriedad que va mucho más allá del target principal de las películas. Pixar había sido un referente en hacer cine infantil con un contenido que pudiera apelar a los mayores. Laika Studios hizo lo suyo con “Kubo y las dos cuerdas mágicas” (Travis Knight, 2016) y, más recientemente, Dreamworks sorprendió con “El gato con botas: El último deseo” (Joel Crawford & Januel Mercado, 2022). Llega ahora una propuesta, quizás no tan redonda como ésas, pero de intenciones parecidas: “Las ovejas detectives”.
Así, Kyle Balda adapta la novela homónima de Leonie Swann, donde un rebaño de ovejas propiedad del pastor George Hardy (Hugh Jackman) deberá resolver un asesinato en un apacible pueblo inglés cuando vean que el despistado polícia local, Tim Derry (Nicholas Braun), es incapaz de hacerlo por si mismo. A lo largo de la historia, se irán presentando distintos personajes. A destacar la abogada Lydia Harbottle (Emma Thompson), el reportero Elliot Matthews (Nicholas Galitzine), otro pastor llamado Caleb (Tosin Cole), el reverendo Hillcoate (Kobna Holdbrook-Smith) o el carnicero Ham Gilyard (Conleth Hill).

Un misterio al estilo Agatha Christie
La filmografía de un director suele ser indicativa de lo que se puede esperar de una película suya. Puede haber patrones, lecturas, modos de hacer… Dicho de otro modo, se encuentran rasgos de autoría. Una voz que aúne y de sentido a una obra de modo global. Quizás por esto, sorprende ver como Kyle Balda, realizador de películas sin mayores complicaciones dramáticas como la franquicia de los “Minions” (2015), se aleja del estilo de esas para construir un juego de tonos que pasa de lo tierno a lo absurdo, de la comedia al drama, de lo leve a lo grave e, incluso, a lo terrorífico sin que nada se resienta. El tono y atmósfera de una película suele ser lo más complicado de acertar, independientemente de sus intenciones.
Son detalles de dirección que ayudan a dar forma a un relato de misterio, un whodunit de tintes clásicos, aquí narrado. La novela original pareció querer tocar todos los lugares comunes de ese tipo de relato: la atmósfera tan inglesa, el encanto de un contexto rural, la teatralidad en ciertos puntos de la investigación y la creciente sensación de sospecha, donde todos los personajes parecen culpables. Así, como buen relato de crimen al estilo de Agatha Christie, el relato presenta un puñado de personajes de lo más pintorescos. Se plantan pistas a lo largo de la narración para llevarnos a pensar distintas cosas sobre todos ellos. A veces de maneras tan obvias que pueden delatarse como pistas falsas.
Es, sin embargo, en el desenlace final, con la habitual reunión de sospechosos en un mismo espacio, donde se levanta el velo sobre todo lo presenciado. Entonces adquieren sentido detalles que probablemente habían pasado desapercibidos, para dar resolución y cierre al conflicto.

Los habitantes de Denbrook
Balda y el guionista Craig Mazin hacen un buen trabajo de adaptación. Este tipo de relatos tienen una naturaleza literaria, que pueden complicar su traslación a un medio audiovisual. Entre el sentido del humor, el misterio y los personajes entrañables; el equipo creativo consigue mantener el interés a lo largo del metraje. De por medio puede haber algunos gags adolescentes sin cerebro -reminiscentes de la franquicia de los Minions– o algunas conveniencias de guión tanto narrativas como dramáticas.
Por lo demás, todo en “Las ovejas detectives” fluye bien. Incluso sorprende por algunos momentos visualmente inspirados, que realzan el buen hacer de Balda detrás de la cámara. Tarea encomiable, considerando que el salto de la animación a la imagen real suele ser complicado. El apartado visual se ve realzado por la fotografía natural de George Steel. Consciente de la localización bucólica, tira de iluminación natural y de profundidad de campo para dejar que los paisajes y el colorido diseño de producción formen parte del plano y, por tanto, de la historia.
Para redondear el conjunto, cabe destacar también el talento detrás de las ovejas protagonistas: Bryan Cranston, Patrick Stewart, Chris O’Dowd o Bella Ramsey ponen voz a los animales. Por encima de todos esos nombres, Julia Louis-Dreyfus es quien más destaca, como Lily. La oveja más perspicaz, vulnerable y atenta del rebaño. “Las ovejas detectives” pretende ser una película familiar, pero es gracias al trabajo de la actriz que el conjunto adquiere un fondo emocional conmovedor, especialmente durante las últimas escenas de la película.

El corazón de un misterio
Así, el mérito de Balda es doble: haber conseguido tirar adelante con éxito una propuesta de mayor complejidad de lo visto en el resto de su filmografía, y haber dado el salto de la animación a la imagen real de modo también eficiente. Son dos logros complicados de conseguir.
Con todos los aspectos positivos de “Las ovejas detectives”, se puede decir por encima de todo que ni tan solo es el misterio y la intriga lo que provoca que se recuerde la película. Es el grandísimo corazón y sentido de humanidad que transpira a lo largo de toda la narración. Se trata de una propuesta tierna, pero también de una gran gravedad al tratar temas como la discriminación, la pérdida, el duelo o la orfandad. La película nunca infantiliza las emociones que trata, aunque sí adapte su lenguaje para los más pequeños.
Muy recomendable.
