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Harry Potter y el misterio del príncipe (David Yates, 2009)

Harry Potter y el misterio del príncipe (David Yates, 2009)

Harry Potter y el misterio del príncipe imagen destacada
Harry Potter y el misterio del príncipe, de David Yates
Sumario

Amor y pérdida en esta sorprendente adaptación de la sexta novela.

Viaje hacia la noche

Nos acercamos al final del viaje. Con seis películas estrenadas a largo de nueve años, la franquicia del joven mago está a las puertas de llegar a su fin con “Harry Potter y el misterio del príncipe”, adaptación del penúltimo libro. Tras haber ido alternando directores durante las últimas películas, David Yates vuelve a la dirección tras un trabajo un tanto irregular en “Harry Potter y la Orden del Fénix” (2007).

En esta ocasión, los protagonistas ya han dejado atrás su infancia y están en plena adolescencia, con todos los altibajos emocionales que eso conlleva. Así, la película se mete de lleno en territorios en los que las hormonas controlan las emociones de los personajes, a la vez que la franquicia se zambulle en los senderos más melancólicos y oscuros vistos probablemente desde “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” (Alfonso Cuarón, 2004).

Es con esos sentimientos que se desarrolla la historia principal: los habitantes del universo mágico finalmente se han rendido ante las evidencias del regreso del señor oscuro Voldemort (Ralph Fiennes). Se respira un aire incierto, desconfiado, donde los acontecimientos siniestros están a la orden del día, por desconcierto de los no magos, y desesperanza de los que entienden lo que está sucediendo. Así, la aventura que terminará siendo el sexto año en Hogwarts de Harry (Daniel Radcliffe), Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson), empieza cuando Dumbledore (Michael Gambon) se reúne con el primero para ir en busca de algo que se revelará crucial para descifrar un misterio clave para derrotar al mago tenebroso.

Imagen del trío protagonista
El trío protagonista, juntos de nuevo

Un marcado cambio de tono

Si hay algo sorprendente en esta película es el gran cambio de tono con respecto a su antecesora. Si bien ese cambio ya era intencionado de película a película como consecuencia del cambio de realizador, sorprende la dirección más solemne y pausada, y el marcado gusto estético otorgado por Yates detrás de las cámaras, en comparación con “Harry Potter y la Orden del Fénix”. Llega al punto de parecer estar dirigida por otro director, al abrazar un tono más apesadumbrado, acorde con el estado anímico de los personajes a lo largo de la película, y de la fatalidad que se respira en el aire durante el metraje. En este aspecto es una mejora sustancial respecto al trabajo un tanto esquizofrénico de la entrega anterior.

Quizás debido a esto también se percibe una mejora en el apartado musical. Nicholas Hooper repite como compositor, regalándonos temas como “Dumbledore’s Speech”, “Slughorn’s Confession”, “Ginny” o la melancólica “Farewell Aragog”. Hooper deja de buscar un tono luminoso cercano a las entregas anteriores compuestas por John Williams y Patrick Doyle, y se centra en composiciones más atmosféricas, minimalistas y dramáticas. Este sería su último trabajo, puesto que le reemplazaría Alexander Desplat en las futuras películas.

Imagen de Tom Felton como Draco Malfoy
Tom Felton es Draco Malfoy en Harry Potter y el misterio del príncipe

El fin de la inocencia

Incluso como adaptación acierta al centrarse en unas pocas tramas principales que se van encadenando a lo largo de la narración. Se denota un orden más lineal que en muchas de las adaptaciones anteriores, con un foco especial hacia los líos amorosos del trío protagonista y los encargos de Dumbledore a Harry, mostrándonos la gran relación y confianza que se profesan el director de Hogwarts y el héroe titular, casi como si fueran padre e hijo. Ambas son el gran corazón de la historia, sirviéndose de contrapunto para equilibrar lo fantástico y dramático de la investigación sobre Voldemort con lo terrenal y cómico de los desamores adolescentes. O al menos la mayoría de ellos.

En cada película hemos visto un oscurecimiento general del marco inocente y colorido presentado en “Harry Potter y la piedra filosofal”. Aunque tampoco sean nuevos en la franquicia, en esta ocasión la historia obligará a los personajes a enfrentarse con el dolor del amor, de la pérdida y de la muerte; asumidos ahora por una consciencia más madura que antes probablemente no tenían.

Imagen de Slughorn (Jim Broadbent) y Harry
Horace Slughorn (Jim Broadbent) junto a Harry

Los de siempre, y Jim Broadbent

Poco se puede decir del reparto que no se haya dicho hasta ahora. Gambon y Alan Rickman (Severus Snape) son las dos mayores presencias de los actores veteranos. El trío protagonista es indivisible de sus papeles en las películas. Los más secundarios entran y salen de la pantalla para tener su cuota de presencia. Robbie Coltrane sigue siendo un gran Rubeus Hagrid, cuyo inmenso físico se queda pequeño ante su enorme corazón. Quizás es Tom Felton (Draco Malfoy) el que tiene finalmente un papel más trabajado, al verse obligado por su fatídico linaje a cometer actos que suponemos atroces.

Como es habitual en la franquicia, se añaden nuevos rostros a un plantel siempre creciente. Afortunadamente, una de las de “Harry Potter y el misterio del príncipe” es de las mejores habidas hasta ahora, al fichar a Jim Broadbent en el papel Horace Slughorn, un nuevo profesor para Hogwarts. Se trata sin duda de una gran incorporación al brillante elenco del que ha hecho gala la franquicia, y en este caso el actor británico ofrece un contrapunto bufonesco y gracioso para paliar lo que por otra parte es un relato mayoritariamente de tono solemne y dramático. Lo mejor es que lo consigue sin resultar cargante, convirtiéndose así en una bienvenida novedad para este universo de películas.

Imagen de Dumbledor (Michael Gambon) y Harry
Dumbledore (Michael Gambon) y Harry (Daniel Radcliffe)

Antesala de una conclusión

La franquicia ya no volvería a ser la misma a partir de la entrada de Yates en la dirección. La película navega bien entre sus hilos principales, pero también se preocupa en escenas concretas de poco poso para esta historia, pero que sirven para dar unidad a toda la franquicia. Tampoco le ayuda mucho la sensación, existente por otra parte en algunas entregas anteriores, de que tampoco sucede gran cosa durante sus más de dos horas de duración, y que quizás se debería de haber hecho un mayor trabajo de síntesis narrativa.

Aunque por otro lado estamos ante la sexta entrega de una serie de películas, por lo que esas concesiones se pueden, como poco, entender. Con todas sus cosas, “Harry Potter y el príncipe mestizo” es de las mejores entregas estrenadas hasta ese momento. Ahora solo quedan las dos películas finales, que se encargan de adaptar la última novela: “Harry Potter y las reliquias de la muerte”.

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