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Película Pesadillas 2: Noche de Halloween

“Pesadillas 2: Noche de Halloween se queda a medio gas respecto a lo que podría haber sido”

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Sinopsis

Las pesadillas de R.L. Stine vuelven a cobrar vida cuando dos adolescentes, Sonny Quinn (Jeremy Ray Taylor) y Sam Carter (Caleel Harris) encuentran un libro viejo escondido detrás de un compartimento secreto.

Crítica

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Sarah (Madison Iseman), Sonny (Jeremy Ray Taylor) y Sam (Caleel Harris)

Halloween y la Navidad son seguramente dos de las fechas más lucrativas para todo comercio que se precie, y el cine, con toda su maquinaria industrial, no se queda atrás, ¿y cuál es el mejor modo de sacarle provecho que estrenar una producción mezclando la inminente festividad de Halloween con el universo particular salido de la mente de R.L. Stine con su longeva serie de novelas de “Pesadillas”, especialmente tras el moderado éxito que fue la primera entrega, titulada, simplemente,Pesadillas” (Rob Letterman, 2015)?

En “Pesadillas 2: Noche de Halloween” nos vuelven a introducir en ese peculiar mundo lleno de monstruos y criaturas sobrenaturales, en un intento de repetir fórmula cambiando algunos elementos para dar el toque diferenciador. La historia nos presenta ahora a un nuevo trío protagonista, Sam, Sonny, y su hermana Sarah Quinn (Madison Iseman), quienes deberán enfrentarse a los delirios caprichosos del muñeco ventrílocuo Slappy (voz de Mick Wingert), la más maquiavélica de todas las creaciones de Stine.

No es de extrañar el tono desenfadado aunque un tanto grotesco de ésta adaptación, considerando que los libros originales ya apostaban por un tono de terror light, ideal para el público joven al que iban destinados, adoptando un tono cercano a lo producido por la mítica Amblin -especialmente en la inmortal “Gremlins” (Joe Dante, 1984)-, con además no menos intenciones de recuperar esa magia noventera que transmitían producciones como “Jumanji” (Joe Johnston, 1995).

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Fotograma del muñeco Slappy

Sin embargo, lo que termina traicionando a ésta secuela es su afán de intentar atraer a un público lo más diverso posible o, quizás, la certeza de que, al tratarse de una producción pensada para los más pequeños de la casa, acudirán al cine tanto estos, como sus padres, y los posibles hermanos y hermanas mayores. Es por eso que la película falla a la hora de tomar definición como monster movie de ambientación Halloweenense tan atractiva con el desfile de disfraces monstruosos que conlleva, o como una aventura divertida a lo “La pandilla alucinante” (Fred Dekker, 1987) a partir de los dos muchachos protagonistas, o el drama romántico juvenil de crecimiento parecido a producciones como “Ciudades de papel” (Jake Schreier, 2015), creando así un batiburrillo de ideas con el que tocar varios palos sin incidir completamente en ninguno de ellos. Sin olvidarse, por supuesto, de las imágenes de niños en bici que ya se estan volviendo en marca imprescindible de toda producción enfocada a los más jóvenes de la casa.

Así, basta decir que la película apenas tiene tiempo para desarrollar alguna de esas ideas, tirando por la borda cualquier tipo de lógica interna con tal de poder pasar, sin apenas avisar, de una primera mitad de presentación pura de personajes a una segunda porción de la película en el que apremia el sentimiento de prisa ante el apocalipsis monstruoso que cae en el barrio donde tiene lugar la acción. Por su parte, el director tampoco parece saber muy bien como remontar la situación en una puesta en escena carente de garra y chispa, ni tan solo cuando empieza el despliegue de criaturas salidas del averno. Ello resulta una pena dado que el diseño de producción es lo suficientemente atractivo, en esa mezcla de aquelarre, de cine de zombis, de fantasmas y de, básicamente, todo el repertorio monstruoso de la Hammer, y más.

A pesar de que la película original también fallaba en algunos aspectos, tenía la gran virtud de contar con un carismático Jack Black como una versión caricaturizada de R.L. Stine, pero ahora aquí se convierte en una figura desaparecida, dejando todo el peso a unos jóvenes actores que, sin tratarse de malos intérpretes, les falta la presencia necesaria para poder llevar encima de sus hombros el peso de toda una película.

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Fotograma de Pesadillas 2: Noche de Halloween

Aun así, la producción contiene escenas y diálogos con gracia, unos títulos de crédito atractivos y una banda sonora compuesta por Dominic Lewis imitando el estilo estrambótico de Danny Elfman que le dan algo de poso a la película. Pese a necesitar exprimir más y mejor la locura de la premisa, el despliegue de criaturas es lo suficientemente grande como para satisfacer aquellos sedientos de ver reunidos a todas esas criaturas.

Al final, lo que queda de “Pesadillas 2: La noche de Halloween” no es más que un producto de temporada, con los ingredientes bien pensados para atraer a distintos tipos de público. Aunque se hecha en falta una mayor definición en sus intenciones y potenciar el atractivo de la premisa, porque la propuesta se queda a medio gas de lo que podría haber sido.

Otros datos sobre Pesadillas 2: Noche de Halloween

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