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Pesadillas 2: Noche de Halloween (Ari Sandel, 2018)

Pesadillas 2: Noche de Halloween (Ari Sandel, 2018)

Pesadillas 2: Noche de Halloween imagen destacada
Imágenes vía Columbia Pictures
Sumario

Irregular secuela aunque de gran atractivo visual.

Los monstruos contraatacan

Halloween y la Navidad son seguramente dos de las fechas más lucrativas para todo comercio que se precie. El cine, con toda su maquinaria industrial, no se queda atrás. ¿Y cuál es el mejor modo de sacarle provecho que estrenar una producción mezclando la inminente festividad de Halloween con el universo particular salido de la mente de R.L. Stine con su longeva serie de novelas de “Pesadillas”, especialmente tras el moderado éxito que fue la primera entrega, titulada, simplemente, “Pesadillas” (Rob Letterman, 2015)?

En “Pesadillas 2: Noche de Halloween” nos vuelven a introducir en ese peculiar mundo lleno de monstruos y criaturas sobrenaturales. Es un intento de repetir fórmula pero cambiando algunos elementos para dar el toque diferenciador. La historia nos presenta ahora a un nuevo trío protagonista, Sam Carter (Caleel Harris), Sonny Quinn (Jeremy Ray Taylor), y su hermana Sarah Quinn (Madison Iseman), quienes deberán enfrentarse a los delirios caprichosos del muñeco ventrílocuo Slappy (voz de Mick Wingert), la más maquiavélica de todas las creaciones de Stine.

Los chicos de Pesadillas 2: Noche de Halloween
Los chicos de Pesadillas 2: Noche de Halloween

Un tono desenfadado

No es de extrañar el tono desenfadado aunque un tanto grotesco de ésta adaptación. Al fin y al cabo, los libros originales ya apostaban por un tono de terror light, ideal para el público joven al que iban destinados. Así, se adopta un tono cercano a lo producido por la mítica Amblin -especialmente en la inmortal “Gremlins” (Joe Dante, 1984)-, con además no menos intenciones de recuperar esa magia noventera que transmitían producciones como “Jumanji” (Joe Johnston, 1995). Sin embargo, lo que termina traicionando a ésta secuela es su afán de intentar atraer a un público lo más diverso posible o, quizás, la certeza de que, al tratarse de una producción pensada para los más pequeños de la casa, acudirán al cine tanto estos, como sus padres, y los posibles hermanos y hermanas mayores.

Es por eso que la película falla a la hora de tomar definición como monster movie de ambientación Halloweenense. Tiene el atractivo del desfile de disfraces monstruosos que conlleva, y también toques de aventura divertida a lo “La pandilla alucinante” (Fred Dekker, 1987) a partir de los dos muchachos protagonistas. Incluso de drama romántico juvenil de crecimiento parecido a producciones como “Ciudades de papel” (Jake Schreier, 2015). De este modo se crea un batiburrillo de ideas con el que tocar varios palos sin incidir completamente en ninguno de ellos. Sin olvidarse, por supuesto, de las imágenes de niños en bici que ya se están volviendo en marca imprescindible de toda producción enfocada a los más jóvenes de la casa.

Pesadillas 2: Noche de Halloween, de Ari Sandel
Pesadillas 2: Noche de Halloween, de Ari Sandel

Todo apresurado

Así, basta decir que la película apenas tiene tiempo para desarrollar alguna de esas ideas. Tira por la borda cualquier tipo de lógica interna con tal de poder pasar, sin apenas avisar, de una primera mitad de presentación pura de personajes a una segunda porción en el que apremia el sentimiento de prisa ante el apocalipsis monstruoso que cae en el barrio donde tiene lugar la acción. Por su parte, el director tampoco parece saber muy bien como remontar la situación. Su puesta en escena carece de garra y chispa, ni tan solo cuando empieza el despliegue de criaturas salidas del averno. Ello resulta una pena dado que el diseño de producción es lo suficientemente atractivo, en esa mezcla de aquelarre, de cine de zombis, de fantasmas y de, básicamente, todo el repertorio monstruoso de la Hammer, y más.

A pesar de que la película original también fallaba en algunos aspectos, tenía la gran virtud de contar con un carismático Jack Black como una versión caricaturizada de R.L. Stine. Sin embargo, aquí se convierte en una figura desaparecida. Se deja todo el peso a unos jóvenes actores que, sin tratarse de malos intérpretes, les falta la presencia necesaria para poder llevar encima de sus hombros el peso de toda una película. Aun así, la producción contiene escenas y diálogos con gracia. Tiene unos títulos de crédito atractivos y una banda sonora compuesta por Dominic Lewis imitando el estilo estrambótico de Danny Elfman que le dan algo de poso al conjunto. Pese a necesitar exprimir más y mejor la locura de la premisa, el despliegue de criaturas es lo suficientemente grande como para satisfacer aquellos sedientos de ver reunidos a todas esas criaturas.

Imagen de Pesadillas 2: Noche de Halloween
Imagen de Pesadillas 2: Noche de Halloween

Un tanto floja

Al final, lo que queda de “Pesadillas 2: La noche de Halloween” no es más que un producto de temporada. Un plato cocinado con los ingredientes bien pensados para atraer a distintos tipos de público. Pero se hecha en falta una mayor definición en sus intenciones y potenciar el atractivo de la premisa, porque la propuesta se queda a medio gas de lo que podría haber sido.

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